Opinión

176 con Broadway: una resolución cuestionable

Rafael A. Escotto

La esquina formada por las calles 176 y Broadway fue designada con el nombre de Rafael Corporán de los Santos, un locutor y empresario radial dominicano que nunca residió ni se le conocieron hechos relevantes en beneficio de esa dinámica y pujante comunidad.

El asombro y la sorpresa se han apoderado de la comunidad dominicana de Washington Heights. Qué cosa motiva esta postura?

Todo parece conducir a una decisión política. En ella aparece el Consulado dominicano, el concejal por el Distrito 10, que comprende  los barrios Washington Heights, Inwood y Marble Hill Ydanis Rodríguez, en campaña para tratar de alcanzar la importante posición de Defensor del Pueblo de la ciudad de Nueva York. También estuvo involucrada en la cuestionable resolución la Asociación de Cronistas de Artes (ACROARTE).

Rafael Corporán de los Santos puede que haya logrado con esfuerzos «propios« acumular suficientes credenciales como empresario radial, como comunicador y presentador de televisión.  A través de estos medios como «Sábado de Corporán« y «Corporan Chiquito«, pudo contribuir con su labor social a aliviar  preocupaciones a miles de personas en la República Dominicana.

No se sabe  tampoco si fue por esa magnanimidad o si fue por su populismo mediático que hoy hay una esquina del Alto Manhattan con el nombre de Rafael Corporán de los Santos.

No olvidemos que Corporán de los Santos conquistó la simpatía del expresidente Joaquín Balaguer al entender en una coyuntura política, que le era conveniente en 1986 a los intereses políticos del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) apoyar la candidatura a sindico por el Distrito Nacional de una figura populista como la que logró insertar este gran excomunicador en el sentimiento de un pueblo alegre, como la capital, que todo se lo goza, sin saber valorar la calidad del producto que está recibiendo por los medios de comunicación.

Naturalmente, para poder ganarse una esquina tan emblemática como la 176 y Broadway en el Alto Manhattan habría que deducir que hubo una muy buena escala de medición de valoración ajustada a la psicología social para arribar a tan importante resolución a favor del fenecido locutor Corporán de los Santos.

Frente a esta decisión nos preguntamos: ¿Cuáles debieron haber sido los grandes aportes culturales y sociales, reales y comprobables, como procesos multidimensionales de transformaciones en la esfera de la vida espiritual de Washington Heights que les fueron reconocidos a Rafael Corporán de los Santos para merecer esta alta distinción, la cual no disputamos pero que si cuestionamos que se haya elegido una esquina a su nombre en el Alto Manhattan?

Quienes crecimos y nos desarrollamos en el Alto Manhattan a principio de los años 60´s, pudimos observar y muchas veces compartir importantes actividades comunitarias, la labor artística y cultural de doña Normandía Maldonado, destacada folklorista, creadora del Ballet Folklórico Quisqueya.

Conocimos de sus afanes, su firmeza y dinamismo para impulsar con existo la institución que es hoy el Desfile Dominicano en Nueva York.
Normandía Maldonado y la profesora doña Ana Mención fueron en vida dos columnas sin las cuales no se hubieran podido levantar proyectos comunales de trascendentales resonancia social como fue el Coro José Ovidio García, cuyo orfeón ganó respeto por la belleza de las voces que llegaron a integral tan prestigioso grupo coral. Ahí estuvo también la presencia y la  grandiosa e incansable colaboración de Margarita Espaillat.

Para quienes no han estado familiarizados con la música, debemos decir que José Ovidio García fue un vegano y músico ilustre que vivió y murió en Santiago de los Caballeros en 1920. Director de la Banda y de la Academia Municipal de Santiago. Desarrolló su gran labor musical en dicha ciudad como clarinetista, promotor de conciertos y fue un esclarecido profesor de música. Fundó y dirigió, con singular categoría el Centro Lirico «Rafael Idelfonso Arte«, que llegó a ser la agrupación más importante de entonces en el Cibao.

Ni Ydanis Rodríguez ni al Consulado Dominicano ni mucho menos a Acroarte se le ocurrió la idea de honrar los nombres de estas grandes damas de la cultura, la educación y las artes que sí vivieron largos años en el corazón de nuestra comunidad neoyorquina, le dieron sus talentos y entusiasmos a las barriadas de Washington Heights, Inwood y Marble Hill.

Tampoco se pensó en aquella hermosa frase del poeta latino José Vasconcelos en cuyo contenido araron con fe y firmeza Normandía Maldonado y la distinguida profesora doña Ana Monción, para dotar estas comunidades del Alto Manhattan de una base cultural sustentable en el tiempo que le dieran al sector una imagen diferente a la que generalmente se tenía de ella: «La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral«.

La presencia de la maestra de nuestro folklor, Normandia Maldonado, formadora de jóvenes en una época que se necesitaba de su altruismo, de sus talentos y de sus afanes para darle a la juventud de estas comunidades humanas sentido de patria, de civismo y de agradecimiento al país que le acogía con generosidad.

Quedará siempre en el consciente de aquellas barriadas que hoy ven con ojos de lógica tristeza en una de sus esquinas el nombre de alguien que, merecida o inmerecidamente, no perteneció a las luchas sociales, políticas y culturales de esas comunidades de hombres y de mujeres dominicanos valerosos (as).

Uno llega a preguntarse, sintiendo los pesares que causa una decisión de esta naturaleza: ¿Dónde estaban las voces del liderato cultural y comunal tradicional dominicano que no se le oyó reprochar con vergüenza, lejos de antipatías groseras, esta inoportuna resolución?

Es posible, salvo prueba en contrario, que se justifique colocar el nombre de Rafael Corporán de los Santos en la esquina 176 y Broadway, pero creo que la decisión fue apresurada por razones políticas, creyendo, falsamente, que esta elección podría inclinar la balanza electoral comunal a favor del candidato a Defensor del pueblo de la ciudad de Nueva York, Ydanis Rodríguez.

Creo que Ydanis Rodríguez tiene suficiente peso moral en la comunidad y méritos políticos para no depender de un rótulo. Al menos que detrás de la resolución que favoreció a Corporán de los Santos no hubiera influido otras motivaciones.

Designar con el nombre de Normandía Maldonado o profesora doña Ana Monción el nombre de una esquina del Alto Manhattan le hubiese hecho ganar más simpatías a Ydanis, por los fuertes vínculos de estas dos prestigiosas damas dominicanas, sin contar el respeto que le ofreció la comunidad por sus contribuciones verdaderas al desarrollo vigoroso de las artes, el canto coral y el folklore, este último, como expresión cultural y de las tradiciones comunes a la cultura.

Cuando vayamos a honrar a una persona, recordemos la frase en aquel enjundioso ensayo de José Martí titulado Nuestra América, publicado en la Revista ilustrada de Nueva York, el 10 de enero de 1891: «Se afirma el pueblo que honra a sus héroes«.

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