Opinión

¿Debe Santiago dejar de prescindir de un buen alcalde?

Por: Rafael A. Escotto

El Municipio de Santiago está en el umbral de perder sus grandes logros. El cuadro que esboza Santiago caracterizado por: organización, limpieza, y orden, esto revela que hay una determinación de la actual municipalidad de reformar su apariencia anterior devolviéndole a sus habitantes el orgullo de una ciudad que se había extraviado en los escombros de la desidia de una serie de alcaldes que desatendieron su obligación pública en perjuicio de toda una colectividad.

Santiago ha sido testigo del bochorno causado por una gran parte de sus alcaldes anteriores, con contadas excepciones, excluyedo la administración del Licenciado Abel Martínez Duran. Hago la salvedad que a este alcalde ni a ningún otro sindico, me liga ninguna relación, ni adhesión política ni profesional. Es más, a decir verdad, nunca le he visto en persona. Para escribir este trabajo solo  he necesitado conocer su entrega por hacer de este municipio un orgullo de los santiaguenses, dentro y fuera de esta urbe.

¿Por qué  tengo que expresarme de esta manera? Porque no todo sentimiento u opinión tiene que estar necesariamente vinculado políticamente. Los colores en una pintura de Georgy Morel, de Federico Izquierdo o de Jacinto Domínguez es una comprobación sensorial que aviva nuestras emociones. Lo mismo sucede cuando nuestra ciudad se transforma horrorosa trocándose en una ciudad placentera, llena de pretextos interesantes.

Santiago es hoy tonalidades, colores y subterfugios romántico que en este nuevo cromatismo que ha adquirido nuestra ciudad nos estimula a andar sus murales y sus grafitis los cuales se resumen en unas maneras entretenidas de observar la pintura libre desplazarse alegremente sobre una pared haciendo las veces de una tela sobre la cual la creatividad artística del pintor anima la fascinación del transeúnte.

Nuestra ciudad ha sido convertida en una mezcla agradable de viveza y de luces que hace sus noches sorprendentemente amena para callejear o simplemente circular por los alrededores del Monumento a los Héroes de la Restauración, entre hermosos destellos de alborada y un paseo refrescante durante el crepúsculo.

En el pasado reciente la criminalidad, los asaltos, los robos a mano armada, las violaciones a mujeres en Santiago ocupaban las primeras páginas de los periódicos. Se veían en los alrededores del Monumento ciudadanos extranjeros evacuándose en las vías públicas como si esta área fuera un excusado público.

Durante el día, carretillas mugrientas aladas por hombres con vestimentas harapientas estacionadas en las esquinas formada por las calles del Sol con 30 de Marzo y en las principales arterias del casco urbano, vendiendo productos comestibles sin la más mínima higiene,  como si estuviéramos en cualquier ciudad africana como Etiopia o Burkina Faso.

Todo ese estado de cochinada, nunca visto en Santiago, un pueblo con una descendencia española, italiana, árabes y últimamente china, -aunque los hay de casi todas las nacionales – el alcalde Martínez Durán  ha ido limpiando la ciudad dándole un rostro distinto y un aspecto físico agradable y renovado, Y de un funcionario público como él puede esperarse muchas sorpresas innovadoras para la ciudadanía.

Empero, el pueblo se siente intranquilo y hasta preocupado cuando oye voces que dicen que su alcalde está siendo encantado con la flauta mágica de Mozart en una iniciación masónica que trata de seducirlo, como si se tratara de un cuento de  hadas, para llevárselo de esta ciudad envuelto en una galaxia de duendes.

Pienso que al alcalde Abel Martínez Durán los santiaguenses deben protegerlo con agua bendita y crucifijos cerca de la puerta de entrada de la ciudad para evitar que algún duende falso se lo robe con una oferta que en el camino podría cumplirse o no, mientras tanto se perdería la seguridad y la acción de una sindicatura por algo  que podría ganarse más luego con una primera magistratura.

En el caso de tal eventualidad el municipio de Santiago, al quedar en manos codiciosas, correría el riesgo de regresar a las condiciones de abandono,  de desorganización, de desatención, de irrespeto y de corrupción  administrativa felizmente superada. No se ve en ningunos de los candidatos que aspiran al cargo municipal las condiciones para que Santiago siga siendo limpia y vivible, ni la misma obstinación enseñada por  el actual alcalde.

Hay experiencias no tan lejanas en esta ciudad, de manipulación agresiva de la ciudadanía por candidatos  a alcaldes que han traicionado la confianza de este municipio, cuya población muchas veces nos parece un tanto tonta en creer las promesas de algunos de los aspirantes a sustituir a Martínez Durán en el puesto de síndico.

No obstante, esa posibilidad solo podría darse si una oferta a la vicepresidencia fuera real y no se tratara de una estrategia muy inteligente de alguien para atraer simpatía a su favor de un electorado conservador, como el cibaeño y, sobre todo, que los votantes santiaguenses, en particular, saben sufragar para castigar a sus verdugos políticos.

Pero siempre está la obstinación política del que ha saboreado la miel del poder como excelente fuente de energía. Es que para un político a tiempo completo si no aspira no existes. Cabria  recordemos una frase de Jacques Cousteau que dice: «La felicidad de la abeja y la del delfín es existir«

Creo, y quisiera equivocarme, que el Alcalde Abel Martínez Durán debería, antes de aceptar cualquier oferta política, como sería la vicepresidencia de la República, someter la propuesta primero a consulta a los dioses del Santuario de Delfos, al pie del monte Parnaso, para oír sus pareceres, como hizo el rey Edipo, para librar a Santiago de las calamidades que podrían sobrevenirle con su partida.

Ahora bien, no se sabe con certeza si existe tal propuesta. Pudiera ser verdad que alguien trate de utilizar la popularidad del Alcalde Abel Martínez para conquistar votos o simpatizantes en esta zona del Cibao tan decisiva y tan difícil electoralmente como la plaza de Santiago.

Los santiaguenses tienen que evitar un salto al vacío, lo mismo Martínez Durán, por aquella frase extraída del libro titulado: «El safari de la estrella negra« de Paul Theroux que  advierte: «Una falsa ilusión del viajero es que se encamina a lo desconocido. El mejor viaje es un salto en el vacío. Si al otro lado hubiera un destino familiar y agradable, ¿Qué sentido tendría ir hasta allí?«.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba