Opinión

Le sonríe a la vida o ella te haces muecas…

Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García) 

Sonreírle a la vida es entenderla, es conocerla, es disfrutarla, es vivirla a plenitud aun en la estrechez que provocan ciertas limitaciones materiales.  Si, limitaciones materiales, pues, aunque estas objetivamente existan, sino dejamos que sean mentales, es como si aquellas no existieran. Vivir la vida no tiene límites, no tiene fronteras más que las que nos forjemos nosotros con nuestras ideas.  Tanto es así, que se puede vivir en una prisión y ser contradictoria pero agradablemente libre. Se puede vivir con una enfermedad física y ser mentalmente sana. Esto me recuerda una de mis frases célebres: ¡Eso es mental!

La vida nos hace musarañas cuando no sabemos pintar los colores de la primavera, ni disfrutar el calor del verano, ni volar con las hojas del otoño, ni mucho menos concentrarnos con las bajas temperaturas del invierno.  Ella nos hace muecas cuando no sabemos disfrutar día a día lo que Dios puso en nuestras manos, empezando por contemplar un nuevo amanecer que nos viene envuelto en papel de regalo y que solo nos cuesta abrirlo a manos llena, para bebernos a sorbo o a trago largo, cada segundo, su rico contenido aun cuando el dolor nos abata.

Nos hace mímicas cuando esperamos tener lo que no tenemos para empezar a vivirla y además dejamos de vivirla cuando no usamos lo que ahora tenemos, porque siempre queremos más y esperamos un mañana incierto, porque es futuro, y este será siempre un nonato, y de hecho, lo es para miles de seres humanos que se acuestan cada noche esperando verlo y allí se quedan en la espera de un tiempo que nunca llegó para ellos, pues les jugó las escondidas y los dejó en el pasado. Nos hace muecas porque no hemos aprendido a dar gracias y con poco o mucho la vivimos a regañadientes, arrastrando nuestras carretas en los rieles de la vida como si ella fuera una maldición y no una bendición.

Nos hace musarañas cuando vivimos de comparaciones y dejamos de aceptarnos como somos y les caemos detrás a los demás, en un sentido u otro, no tan solo para ser como ellos, -no, como ellos no, pues no tendría sabor- sino para ser algo más que ellos, y cuidado sino tan solo algo, sino mucho más, tanto que, si alguno decidiera caernos atrás, jamás pudiera alcanzarnos.

La vida nos hace muecas cuando dejamos de entender que es efímera, breve, fugas, y frugal, tanto que mientras más apretemos las manos en procura de retenerla, como ocurre con el agua, más pronto se nos escapa, y para hacerlo no hace distingos ni privilegios, no toma en cuenta tiempo, lugar ni espacio, pues cuando llega su hermana gemela se rompen todas las leyes físicas, y entonces lo que es y lo que era deja de ser para dar paso a lo que fue desde el principio y dejó de ser desde el final.

Por tanto no aceptemos las muecas, musarañas o mímicas de la vida, salgámosle al frente, sí al frente, de frente o de espalda, con el agradecimiento, el deleite, el gozo, el disfrute, de todo cuanto ella es y nos da cada día hasta entender que hemos sido creados para dar gloria a Dios, vivir bien, en paz y ser felices, por encima no solo del aguacero o el lodazal, sino por encima de todas las circunstancias que bañan la existencia humana en todos los ríos, mares y océanos de la vida que le toque navegar en esta embarcación llamada mundo.

 

Finalmente recuerdo que “lo bueno, si es breve, es doblemente bueno”, por lo que, aquí lo dejo para dejarles a ustedes el chance de también sonreírle a la vida para que ella no les haga muecas, mímicas o musarañas.

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