Opinión

Mi funeral en perspectiva… (2 de 2)

Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García)

 

¿Qué dirán los que concurran a mi funeral? ¿Algo distinto a lo que se hace por varias décadas? Creo que no. Harán lo mismo, o sea, muchos irán para cumplir con las familias, pues como difunto nada podrán cumplir conmigo. Harán cuentos, historias y anécdotas en los pasillos de la funeraria y se aproximarán al ataúd para ver como quedé, si igual, si cambié, si me veo joven o viejo, y en fin, para indagar las circunstancias de la muerte, cuantos años viví, cuantos hijos tuve, si viven aquí o fuera, si segundas bases o no, etc.  De la esposa, si me sobrevive no se si dirán que es “la mujer del muerto o la viuda”, pues una señora pintoresca, ya descansando en paz, me dijo en una conversación muy amena, que no es lo mismo una cosa u otra.

 

Dirán como siempre, aunque haya sido un malvado o perverso, …que bueno era…tanto que luchó…tanto que se entregó a tal o cual causa, a la familia…tan religioso que era y tanta fe que tenía…tan disciplinado que era, y no dejaba de hacer ejercicios y mira lo agarró un infarto en plena faena, fue un buen padre, amigo, esposo, profesional, vecino, y en fin, hasta buen amante dirán algunas…

 

En definitiva, mi funeral no será distinto, no sé el suyo, pero el mío no será diferente a todos los que me ha tocado asistir, incluidos los de mis padres.  No sé cuántos llevo, pero tuve la oportunidad se contar los recordatorios de difuntos que guardaba mamá, y sumaron más de cien, de paso hice una reflexión que se llamó “Mamá ha enterrado a más 100 muertos”. A propósito de estos, en el velatorio de ella preguntaba o decía ¿Cuál era la prisa? ¿Quién la esperaba y adonde? Todo, absolutamente todo había acabado para ella en este mundo terrenal donde tanto tuvo que fregar las botellas de la vida, al igual que para todos los difuntos, ya no había de que o por qué preocuparse, por tanto, insistía en mis palabras finales frente a sus restos y los allí presentes, ¿Cuál era la prisa?

 

Al final mientras íbamos en el cortejo fúnebre hacia el cementerio, observaba y así siempre lo he visto, la poca velocidad a que transita el carro, muy poca, muy despacio como para darme la razón, de que ¿Cuál es la prisa?  Ojalá esto lo apliquemos en los días finales que nos quedan en este planeta y ante de que nos llegue el invierno, convencidos de que se nos va la vida, como el agua entre las manos, que mientras más la apretamos, más pronto se escapa, y en el caso de la vida, igual, más pronto se esfuma como simples nubes. Por tanto, escriba esta pregunta en su memoria con tinta indeleble: ¿Cuál es la prisa? Y determine como una decisión muy suya y sabia, irse despacio en lo que ella se escapa o le llega el invierno, y que lamentablemente no será como poética, dulce y suavemente canta la rubia panameña Erika Ender, siempre “Despacito…”

 

Para concluir, y como para insistir en esto de la no prisa en la vida, les cuento que, en el novenario de mamá, me reí a carcajadas con un vecino, amigo y compadre, a quien simpáticamente le paso lo siguiente: Él estuvo presente en el funeral y prestó por lo visto atención a la interrogante aquella sobre ¿Cuál era la prisa? Pues resulta el caso y viene a ser como decimos, que yendo el mismo a una diligencia, se le estrelló a su vehículo una señora que manejaba un carro al parecer un tanto distraída con su celular.  Y él, que además iba orando la oración del Padre Nuestro -en la parte donde justamente dice “perdona nuestras ofensas…” solo atinó a desmontarse y al acercarse a la señora, que a la vez iba con su hija menor, por mucho que quiso, solo le salía de su boca y le repetía una y otra vez hasta calmar y frenar los impulsos humanos que a veces nos arrebatan, solo le decía, repito, señora ¿Cuál es la prisa?

 

A diario en el mundo son miles los que nacen y mueren. Cuando nací, sé que no fue un gran acontecimiento, solo los míos, -muy reducidos en ese tiempo- se dieron cuenta y tal vez lo celebraron. Por tanto, cuando me despida de este mundo, seré uno más de esos miles que son llamados a la otra existencia, para los que tenemos la fe en el Dios de Jesús. Al no ser ninguna celebridad y aunque lo que fuera, -los ejemplos sobran- desde que el albañil de los toques finales a la lápida de mi tumba -si es que no llego a ser carnada de peces o tiburones en la mar- empezará el reloj a girar hacia la izquierda, tanto así, que en pocos meses ya muchos me habrán olvidado y pasados los años, ni hablar. Alguien que he visto y que nunca olvidan las fechas de los nacimientos ni de los fallecimientos, son las madres, y en mi caso, como ya se me adelantó en el camino, ella no estará para llevar el conteo. Sé de algunas “viudas” que a los 30 años aun ofrecen misas por sus esposos fallecidos. Recientemente escuché una intención por los 32 años del descanso de un esposo.  ¡Cuánta fidelidad!

 

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba