Opinión

Complejidad de la Vida Humana

Fausto Garcia

“El aprendiz” 

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García). 

O del comportamiento humano, de la actitud, o de la disposición desde la grada en que cada uno se encuentra viendo o viviendo el juego de la vida. ¡Quién sabe!  En fin, importa destacar que cual que sea el nombre que le pongamos, la misma es compleja.

Lo es tanto, que como reza un dicho popular dominicano de nuestros ancestros “Puede llevar el burro al abrevadero, al rio o manantial a beber, pero si él no quiere, no hay quien lo haga beber”. Se le puede echar el agua con una lata, un vaso, o aún más, dársela en un biberón, y no hay manera, con su cabeza siempre inclinada hacia abajo, de hacerlo que beba.

Como seres humanos, le decía a alguien, en una especie de terapia psicológica: sabes que, es difícil hoy día, encontrar gentes dispuestas a orientar o ayudar a los demás, pero todavía es más difícil encontrar gentes que quieran, acepten y se dejen ayudar.  Y todo por lo del burro y el abrevadero. Pero siendo un poco más específico, aquí, con los humanos se da un punto y aparte, y es que, en su gran mayoría, las personas que necesitan ayuda entienden que no la necesitan, y cuando alguien le sugiere algo parecido, se ofenden, o se lastiman y hasta tienden a alejarse. Viene siendo como el borrachito aquel, que uno le dice: váyase a acostar, que usted esta borracho, y él le dice a uno “vaya a acostar usted…, que borracho está usted Toño”

Cn el que se ofrece a ayudar, al menos que hay que motivarlo dándole muestra de querer ir hacia delante y salir a veces de muchos estadios de desgane, depresión, impotencia, insatisfacción, angustia, etc., que se adueñan de ciertas vidas y como hiedra en la pared se hace difícil zafarse de ellos, sobre todo, en estos tiempos en que vivir además de una lucha, se ha convertido en todo un arte, donde se necesita cada día sabiduría divina para descubrir la belleza de la vida, aun esta se revuelque en el estercolero.

 

Hoy día no basta, y creo que nuca, con ser inteligente, sino que primero hay que ser sabio y parte de esa sabiduría nos dice que somos aves de paso, que aquí todo se queda y que nada nos llevaremos en el ataúd, y que por mucho que luchemos o breguemos, al final, nos llamarán “tontos, locos, necios” como al hacendado rico de la gran cosecha (Lc. 12,16) y nos reclamarán la vida cuando más creamos que la vamos a “gozar y disfrutar” por tener repletas nuestras despensas materiales, cuando las espirituales están tan vacías, como los aljibes sin agua, profundos, oscuros y secos, donde solo el ruido de los cantaros se escucha en una profundidad que se hace espantosa ante cada tintineo del bidón vacío y sediento como el alma que muere de sed.

 

Esa sabiduría necesaria para vivir hoy necesita ser vista, descubierta y aplicada en la cotidianidad del día a día. A propósito de este, del día, dice el Maestro de todos los tiempos, Jesús: “Nadie puede servir a dos patrones: necesariamente odiará a uno y amará al otro, o bien cuidará al primero y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero.

 

Por eso yo les digo: No anden preocupados por su vida con problemas de alimentos, ni por su cuerpo con problemas de ropa. ¿No es más importante la vida que el alimento y más valioso el cuerpo que la ropa? Fíjense en las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, no guardan alimentos en graneros, y sin embargo el Padre del Cielo, el Padre de ustedes, las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que las aves?

 

¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede añadir algo a su estatura?  Y ¿por qué se preocupan tanto por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, y no trabajan ni tejen. Pero yo les digo que ni Salomón, con todo su lujo, se pudo vestir como una de ellas. Y si Dios viste así el pasto del campo, que hoy brota y mañana se echa al fuego, ¿no hará mucho más por ustedes? ¡Qué poca fe tienen!

 

No anden tan preocupados ni digan: ¿tendremos alimentos?, o ¿qué beberemos?, o ¿tendremos ropas para vestirnos? Los que no conocen a Dios se afanan por esas cosas, pero el Padre del Cielo, Padre de ustedes, sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero su reino y su justicia, y se les darán también todas esas cosas. No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. A cada día le bastan sus problemas.” (Mt. 6, 24-34).

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