Opinión

La Batalla del Matum

Euclides Gutiérrez Félix

Para el 24 y 31 de diciembre del 2018, escribimos dos columnas con el mismo título de hoy, víspera de Noche Buena, en la que decíamos lo que habíamos señalado tres años atrás, recordando la fecha de la “Batalla del Matum” en Santiago, “que en realidad fue el último episodio militar de ese importante capítulo de nuestra historia”, que hemos bautizado con el nombre de “Epopeya Incompleta”, iniciada el 24 de abril de 1965; y la última lección, en ese entonces, que le dio el pueblo dominicano a Estados Unidos de América y a los funcionarios que integraban el gobierno presidido por Lyndon Johnson. A partir de ese momento nuestro pueblo obtuvo el reconocimiento, de un criterio totalmente diferente al que tenían de nosotros en esa poderosa nación del norte, que le ha servido de advertencia para aprender, como lo confirmaron los vietnamitas años después, que los pueblos no son grandes y poderosos, firmes y decididos o valientes por su tamaño geográfico, ni por la importancia de riquezas que hayan acumulado durante su existencia: ese episodio como los que habían sucedido con anterioridad en nuestra historia, fue una de las razones por las cuales Fidel Castro Ruz nos bautizó como “Pueblo legendario, veterano de la historia y David del Caribe”.

Diciembre es inolvidable en nuestra memoria también, porque fue el 21 de ese mes que fueron asesinados en las faldas de la Cordillera Central, en el paraje de “Las Manaclas”, Manuel Tavárez Justo, Manolo, y un numeroso grupo de compañeros que se habían insurreccionado para combatir el gobierno de facto del llamado “Triunvirato” que había usurpado el gobierno constitucional elegido por la mayoría del pueblo dominicano, del profesor Juan Bosch.

Junto a Manolo murieron cuatro montecristeños que eran nuestros amigos, y uno de ellos nuestro compañero de infancia en la escuela primaria y secundaria de Montecristi: Federico Cabrera González, medico, graduado a los 21 años de edad. Murieron también Jaime Ricardo Socías, cuñado de Manolo Tavárez, esposo de su hermana Ángela Tavárez, así como Monchi Ramírez y Caonabo Abel.

El único sobreviviente de los que en aquel momento acompañaban a Manolo, fue José Daniel Ariza Cabral, amigo querido de muchos años del autor de esta columna, que se negó a bajar de las montañas convencido de que, si se entregaba a las fuerzas militares les quitarían la vida a todos.

La “Batalla del Matum” donde murieron varias personas, entre ellas en general de brigada Juan María Lora Fernández, prócer de la República, era una emboscada ordenada por el general estadounidense Bruce Palmer, comandante en jefe de la mal llamada Fuerza Interamericana de Paz (FIP), organizada por el gobierno de Lyndon Johnson, aborrecible y troglodita presidente de Estados Unidos de América, que había intervenido en nuestro país con el auspicio de la nauseabunda Organización de Estado Americanos (OEA), que se prestó a ese atropello que llenó de vergüenza y rechazo al continente americano.

Los muertos de Las Manaclas y también los del hotel Matum, dieron una lección de valor de dignidad y resistencia a todos los pueblos de América y del mundo.

Ahora en esta fecha 23 de diciembre, víspera de ¨Noche Buena¨, más de cincuenta años después, el entusiasmo y bienestar que está disfrutando nuestro pueblo, bajo el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana, que preside el compañero Danilo Medina, tenemos presente en nuestra memoria, el recuerdo de tantos valientes Héroes y Próceres de la República, que ratificaron las bases de nuestra independencia y de la soberanía nacional, que debemos defender como ellos lo hicieron.

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