A 63 años de una Ignominia

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RESUMEN
El 30 de mayo de 1961, la caída del dictador Rafael Trujillo dejó un vacío de poder que rápidamente fue ocupado por intrigas políticas que llevaron al derrocamiento de Juan Bosch, quien había asumido la presidencia con el apoyo popular y una mayoría en el Congreso. A pesar de sus intenciones de transformar el país, Bosch dejó intactos a muchos mandos militares leales al régimen anterior, lo que facilitó su caída. La historia de la política dominicana está marcada por ciclos de inestabilidad, donde líderes como Bosch y el general Ignacio María González enfrentaron desafíos similares. Ambos, a pesar de sus aspiraciones democráticas, fueron desalojados del poder en medio de conflictos internos y presiones externas. A 63 años del golpe contra Bosch, la memoria de este evento sigue siendo un recordatorio del fragoroso camino hacia la consolidación de la democracia en la República Dominicana.
- El derrocamiento de Juan Bosch ocurrió el 30 de mayo de 1961.
- Bosch había prometido preservar la democracia durante su gobierno.
- La influencia del trujillato persistió tras la caída del dictador.
- La historia política dominicana ha estado marcada por ciclos de inestabilidad.
- La memoria del golpe contra Bosch sigue siendo un tema de luto en el país.
Hace 63 años, la democracia dominicana sufrió un duro golpe con el derrocamiento del presidente Juan Bosch, quien había prometido preservar el sistema democrático. Este evento marcó el inicio de un proceso de inestabilidad política y la persistencia de influencias del trujillato en el país.
Por Anthony Almonte
Un día como hoy, hace 63 años, el país se vistió de luto. Aquel hombre que, el Miércoles de Ceniza del año anterior, había jurado que la democracia no perecería durante su gobierno, la vio perecer, víctima de las intrigas de quienes representaban los remanentes del trujillato. Decapitada la tiranía, los gérmenes de aquel régimen seguían emanando sus vapores putrefactos.
Tras la caída del tirano, los exiliados comenzaron a organizarse. Bosch y su partido enviaron al país una primera avanzada. El 5 de julio, con la llegada de la comisión del PRD integrada por Ángel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, cobró fuerza el accidentado proceso de destrujillización iniciado con el tiranicidio del 30 de mayo. Dos días después, esa organización, a la que se sumaron decenas de adherentes, celebró una gran manifestación de repudio a la dictadura, que culminó cuando las masas enardecidas incendiaron la odiada Radio Caribe.
Tirso Mejía-Ricart señala que Juan Bosch inició su gobierno con los mejores auspicios internacionales y con una cómoda mayoría de su partido en el Congreso Nacional, a la que él mismo calificó imprudentemente de «aplanadora». Sin embargo, dejó intactos los mandos militares, incluido el secretario de Estado de las Fuerzas Armadas, general Víctor E. Viñas Román. Entre esos mandos predominaban, según Mejía-Ricart, oficiales de mentalidad trujillista, a quienes era preciso remover mientras aún se encontraban en el país los dignatarios extranjeros. Bosch, al parecer, siguió las recomendaciones del embajador estadounidense John Bartlow Martin.
Recordemos también que, si el gobierno de don Ulises Francisco Espaillat fue uno de los gobiernos netamente democráticos de la Primera y la Segunda República, el general Ignacio María González fue el primer presidente dominicano elegido libremente. Como Bosch, González fue desalojado del poder en medio de intrigas.
A raíz de un convenio firmado por el presidente Báez con la Samaná Bay Company of Santo Domingo, mediante el cual se comprometía la soberanía sobre ese territorio, la Línea Noroeste se levantó en armas bajo la influencia del general Luperón. Así comenzó la Revolución Unionista, que triunfó definitivamente el 25 de noviembre de 1873, liderada por el general Ignacio María González.
Ya al frente del Poder Ejecutivo, González convocó a elecciones presidenciales y resultó electo. Se juramentó el 6 de abril de 1874. Uno de sus primeros decretos abrió las puertas del país a los generales Luperón, Cabral y Pimentel. Desde el inicio de su gobierno surgieron conatos de descontento, como ocurrió también con Bosch, aunque por un tiempo prevaleció un ambiente democrático y conciliador.
El interés de González en establecer un tratado con España dio lugar a nuevas tensiones. Promulgó una ley que prohibía publicar periódicos dedicados a «difamar a naciones amigas», con el propósito de cerrar Las Dos Antillas, el órgano anticolonial fundado por Hostos. Más adelante ordenó apresar y extraditar en buques españoles a numerosos refugiados de Cuba y Puerto Rico. Luperón protestó públicamente, al igual que varias organizaciones sociales y culturales de Puerto Plata, y González se vio obligado a revocar esta última medida.
A mi juicio, la causa real de la caída de González fue su negativa a pagar una deuda contraída por Luperón para financiar la revolución contra Báez.
Hoy, a 63 años del golpe de Estado contra Bosch, la democracia dominicana sigue de luto por aquella ruptura. Esa mancha negra empaña, como un crespón, la memoria de los golpistas. La historia los condena, el pueblo los repudia y la posteridad no perdona su crimen.





