Editorial

Alertas

El país debe mantenerse en alerta frente a ciertos fenómenos que dominan la cotidianidad. Una primera alerta es de carácter sísmica. Como se sabe hace unos diez años Haití fue sacudido por un grave terremoto que causó cientos de miles de muertos, sobre todo en su capital, Puerto Príncipe, así como una gran destrucción de la cual el vecino país aún no se recupera, lo que empobreció más a esa nación.

Este año, durante más de dos semanas se produjeron terremotos y réplicas sucesivas que mantuvo a Puerto Rico en una permanente zozobra, causando algunas víctimas y fuerte destrucción, en especial de viviendas en el sur de la isla del Encanto. Algunos de esos movimientos sísmicos se sintieron en nuestro país, sobre todo en la parte Este.

Ahora se ha producido un fuerte terremoto de 7.7 grados entre Cuba y Jamaica, que además de provocar la alarma de tsunami, sus movimientos llegaron a sentirse en Miami, Cuba y la propia Jamaica con impacto en la isla del Gran Caimán. El fenómeno ha causado más pánico que daños, atemorizando a las poblaciones afectadas.

Esa cadena de fenómenos telúricos a lo largo de la falla del Caribe, y en torno a las Antillas Mayores, debe preocupar a los dominicanos, ya que los geólogos y sismólogos han creado la expectativa de la ocurrencia de un gran sismo que debería producirse, de acuerdo a la historia trazada por este tipo de fenómeno natural.

Ante esa situación que se viene desarrollando en el Caribe, las autoridades nacionales deberían declararse en alerta y proceder a coordinar con las instituciones del COE, todas las acciones preventivas que sean posibles, a fin de educar a la población sobre cómo comportarse ante una eventualidad sísmica de proporciones, de modo que, al menos, se minimice la cantidad de víctimas humanas que lamentar. En ese orden, se deben intensificar las actividades de simulacros y la puesta en marcha de una campaña educativa a través de los medios de comunicación masiva.

De igual forma, debe formalizarse el alerta sobre la enfermedad de coronavirus que ya afecta a China con miles de casos de la enfermedad y con más de 130 víctimas fatales. La propagación de esa enfermedad, para la cual todavía no existe una vacuna probada, ya alcanza a países de Europa, EE.UU, México, Colombia y otros más cercanos a China, como Filipina, Indonesia y Japón, donde las autoridades toman urgentes medidas de prevención, tratando de controlar la entrada de ese virus mortal.

En nuestro país las autoridades sanitarias han anunciado algunas medidas preventivas y de preparación ante tan peligrosa enfermedad, pero esas tímidas medidas deberían fortalecerse mediante una organización de coordinación de los esfuerzos interinstitucionales entre todos los órganos públicos, entidad de coordinación que debería integrar a todas las instituciones que  desempeñen algún rol en relación a la prevención y control de enfermedades transmisibles.

En ese sentido, también cabe una campaña de educación que oriente a la población sobre los síntomas del coronavirus, así como las medidas de higiene y de salubridad que permitan prevenir la enfermedad.

Hagamos una tregua en la intensa alarma electoral, y dediquemos mayor “activismo” a las alertas sísmica y sanitaria.

 ¡Activemos esas alarmas de vida!

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