Opinión

Año nuevo: sueño y realidad

Domingo Caba Ramos

Cada vez que un Año Nuevo se acerca, múltiples sueños pueblan nuestras mentes. Todas nuestras expectativas, aspiraciones, ilusiones o deseos no satisfechos en el año que se va, se materializan de manera espectacular  en ese momento, cuando dormimos, en el que, al decir de uno de mis otroras maestros de Sicología en la UASD, « se sueltan las amarras del ¨súper yo¨». Por esa razón, una noche de la semana que casi comienza fui asaltado por una tanda de interminables, bellos y agradables sueños.

Y soñé…

Soñé que nuestro país era el más seguro del mundo, tanto que los robos, los atracos y las violaciones sexuales brillaban por su ausencia.

Soñé que nuestro Código Procesal Penal aumentaba de veinte a treinta años la pena máxima en caso de violación sexual   y, adicionalmente, la castración sexual cuando esa violación se ejecute en forma agravada o en contra de personas indefensas (niños, ancianos y discapacitados)

Soñé que en el año 2019, en nuestro país no se había producido ni un solo caso de feminicidio.

Soñé que nuestro Código Procesal Penal había sido reformado para aumentar la pena máxima de treinta (30) a cincuenta (50) años de prisión como castigo en contra de todo aquel que cometa la falta de matar a una mujer por motivos pasionales.

Soñé que en la República Dominicana se había producido una verdadera o auténtica revolución educativa.

Soñé que en el famoso Informe Pisa, la República Dominicana ocupaba el primer lugar entre los setenta y dos (72) países que fueron evaluados en ciencia, matemáticas y comprensión lectora.

Soñé que el maestro dominicano era el que disfrutaba de mejores salarios y condiciones de trabajo en América; pero, a su vez, el que más formación tenía, más leía, más se actualizaba, más investigaba, más cumplía con su trabajo y con mayor pasión o entrega ejercía su oficio.

Soñé que en relación con la alta calidad y eficiencia de los servicios de salud y educación que el Estado brinda a la ciudadanía, nuestro país ocupa el primer lugar en el mundo.

Soñé que la República Dominicana era el único país de América donde en los últimos veintiún años no se había registrado ni un solo caso de corrupción administrativa en las instituciones estatales.

El eco plañidero de un perro vagabundo me despertó y provocó que de manera repentina se interrumpieran todos mis sueños; mas acto seguido me dormí de nuevo, y volví a soñar.

Esta vez soñé que cada médico que labora en un hospital estaba recibiendo el salario que merecía y cumpliendo puntualmente con su horario de entrada y salida en el puesto que desempeña.

Soñé que todos los hospitales de nuestro país contaban con los equipos y medicamentos requeridos para brindar un buen servicio de salud.

Soñé que el gas propano se vendía a cuarenta pesos el galón y a cien pesos el de gasolina.

Soñé que en nuestro país la ley era igual para todos, esto es, se aplicaba sin tomar en cuenta rangos y poder político o económico.

Soñé que nuestras autoridades civiles, militares y policiales nunca amparan ni reciben sobornos de narcotraficantes y demás criminales.

Soñé, en fin, que la tasa de desempleo en nuestro país bordeaba el 0%, razón por la cual no existía un solo profesional recién graduado en las universidades nuestras que no disfrutara de un trabajo digno y seguro.

Los ladridos persistentes del vagabundo y realengo perro, de nuevo me despertaron, y esta vez ya no pude recobrar mis casi cinematográficas tandas de sueños, poniéndome así, frente a frente con la amarga realidad. Fue entonces cuando recordé los versos del poeta:

« LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON…»

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