Opinión

Añorando la pobreza de ayer!!

Por Charlie Núñez

Quizás no todos, pero una buena parte de los dominicanos sabemos de la existencia de «El Ferry» entre Puerto Rico y República Dominicana.

Lo que quizás muchos de los que saben de su existencia no recuerdan, es que por las calles de Santo Domingo circulaban una gran cantidad de vehículos con placa de la vecina isla, algo que dejó de manifestarse rápidamente, asumiendo algunos, que dominicanos residentes allí y boricuas, vinieron a “echar vainas” en vehículos de lujo y se encontraron con vehículos más modernos que los de ellos.

Los dominicanos comienzan a comprar carros nuevos y modernos a partir de 1996 con la llegada del Partido de la Liberación Dominicana al Poder.

Antes de esa fecha, nuestras calles eran estrechas pero transitables, el parque vehicular era pequeño y antiguo, es a partir de esa misma fecha que se inicia la modernización de la ciudad con túneles, elevados y mejorías en nuestras carreteras.

Eso mismo sucedió con las viviendas, el país fue impactado por torres altas, edificaciones modernas y grandes plazas comerciales.

Otro renglón en el que se expresó el crecimiento económico fue en el de la comunicación, con más  canales de televisión y emisoras de radio, la presencia del celular y su masificación, pero sobretodo la democratización de la internet.

Ya éramos un país en franco desarrollo, pero ¿qué perdimos?

Perdimos los vecinos que se juntaban para ver la novela en la única casa del barrio con televisión, perdimos a los muchachos que se reunían en medio de un apagón a jugar el topao, una, dos, tres pisa colá, la lata, la escondida o el pañuelo.

Perdimos a esos muchachos que se juntaban para ir a la biblioteca y hacer un trabajo de investigación en conjunto y luego salir a marotear frutas.

Ya la solidaridad no se expresa físicamente con una Malta Alemana y una leche condensada.

Ya en Semana Santa no se pasa un jarro de habichuelas con dulce ni un plato de arroz con guandules, aunque el vecino haya cocinado lo mismo.

Ya nadie levanta al vecino dueño del único carro del barrio para llevar a alguien al hospital que se puso malo en la madrugada.

Ya no existen las giras hacia la playa o el río con una olla repleta de espaguetis, pan y refrescos.

Algunos dirán que faltan muchas cosas perdidas, otros no entenderán nada, pero la modernidad y la riqueza nos robaron la tranquilidad y la nobleza, la asociatividad y la solidaridad que ahora hemos sustituido por Google, Whatsapp, Facebook y softwares de juegos virtuales y otras cosas que nos han alejado tanto, que nos han acercado a muchos a la época de la ansiedad y la depresión.

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