Opinión

Anthony Ríos se rió de la vida

Fausto García

La vida y sus cosas son de forma y de fondo.  Lamentablemente, hay quienes pierden el fondo, por estar guardando “las formas”. (Fausto García)

Un día como hoy cuando escribo (24/3/2019) pero del 1980 murió Monseñor Oscar Arnulfo Romero, cobardemente asesinado mientras celebrara una eucaristía en El Salvador. A los 38 años de su muerte, fue canonizado por el papa Francisco y contamos por tanto con San Oscar Romero de las Américas.

El joven sacerdote eudista, Miguel Marte (bendiciones donde quiera que este) en su libro “A las puertas del Evangelio” para el tercer domingo del Ciclo “C” de cuaresma en el culto católico, denomina su sermón “Tomar la vida en serio”.   Al leerla y tener presente a Anthony Ríos, fallecido el día 4/3/2019, a los 68 años, algunos programas dedicados especialmente a él en vida, lo mismo que los premios Casandra, pensé que él había leído de algún modo el libro del Génesis, capitulo 2, verso 4 y un párrafo al menos de dicha homilía.

Dice el padre Miguel “La cuaresma nos invita a convertirnos, a pasar de matas estériles y diminutas a árboles frondosos y fructíferos.  La vida que no da frutos no merece llamarse vida.  La vida se merece en la medida en que genera más vida.  La esterilidad es contraria a la condición humana” (pág. 277).

Aunque en líneas paralelas, guardando la distancia de lo divino y lo humano, M. Romero fue un árbol fructífero, que en su misión de ministro de Cristo dio muchos hijos a una sola esposa, la de Cristo, la iglesia.  Anthony Ríos, en su condición de hombre parido de las entrañas de su madre, y vuelto a engendrar por un pueblo que lo supo ver nacer, crecer y dar muchos frutos en el  mundo del arte y del espectáculo, fue además un ser humano que mereció la vida, ya que dio 26 frutos, 26 hijos nacidos de 24 mujeres, de las cuales y de las demás, se consideró un abanderado feminista, tanto que decía y se sentía ser un defensor y amante de la vida engendrada por ellas, los hijos.  En pate para justificar los tantos frutos (hijos) decía que “la mujer dominicana es muy fácil…” y que, aunque no salía a buscar hijos, después que llegaban había que tenerlos, pues abortarlos era ser asesino.

Parece, además, que Anthony leyó y se sabía lo dicho por el relator bíblico, aunque no era muy religioso según decía, pues entendió bien lo de “Dios los bendijo, diciéndoles: “Sean fecundos y multiplíquense.  Llenen la tierra y sométanla” lo cual sin lugar a dudas seguirá pregonándose, pues 26 árboles fructíferos, también, tal vez no tanto en este sentido, pero dan para fundar otro Hato Mayor, de donde era oriundo el poeta y polifacético Anthony.

Era yo apenas un niño cuando empecé a oír ese artista de la noche.  Sí de la noche, pues siempre vestía de negro, y lo oí  decir una vez, con lo cual me identifico, que “le gustaba más la noche porque era más discreta que el día”, y cautivante y motivadora diría yo, y a veces provocativa sin tener que hablar de bebentinas, pues basta subir a las alturas o a cualquier cima, para ver y apreciar desde allí la elegancia de un cielo estrellado vestido de luna deslumbrante, invitando a los mortales a rasgar además de sus vestidos, sus corazones, para encontrar allá aun en el firmamento, al amor de los amores.

Para mí, Anthony, que se definía como no creyente, pero si amante de la vida y las mujeres, al igual que de los animales y las cosas buenas, incluidas las comidas y los buenos tragos, se RIÓ DE LA VIDA.  Sí, se rió de la vida. Y lo hizo porque la vivió a su manera, con sentimientos y personalidad, pero sin preconceptos sociales.  Y lo hizo porque en él había una parte vagabunda, que no la había en uno de sus mejores amigos (Luisito Martí), en quien había contradictoriamente, la parte seria que no había en él.  Llegué a verlo de cerca en 3-4 espectáculos, y a la verdad que Anthony era todo un show.

 

Se rió de la vida porque se dedicó a dar vida y a vivir.  Se arrepintió de sus errores (tener varios hijos a quienes no les pudo dar el tiempo que merecían, y de su descuido con su salud). Su carrera está ahí y seguirá ahí para largos años, pues se rió ciertamente de la vida y lo seguirá haciendo desde el recuerdo de un pueblo que lo rememorará para siempre.  Hizo de la vida lo que quiso, por eso la vivió a su manera…y por eso se rió de ella; y como hombre alegre, su muerte no sería triste dijo, pues ella significaría la celebración de los años vividos, muy conforme, ya que donde haya dos personas (hombre y mujer), naturalmente, besándose y amándose, allí estará el, pues tenía y tendrá para siempre la magia de “Estar donde no estés”.

 

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