Editorial

Antigua historia

Los pueblos de la parte Este del país conocieron, al final de la segunda década del siglo pasado un experimento consistente en reunir en las aldeas de entonces a miles de familias campesinas confinadas inicialmente durante dos meses.

La finalidad era privar de apoyo social y humano a los alzados contra las fuerzas de ocupación del gobierno de los Estados Unidos de América, que intervinieron el país entre 1916 y 1924.

Quienes se referían a esta imposición en la región Este podían denominarlo Desalojo, si se trataba de campesinos sacados de sus fundos por la fuerza, o Reconcentración, si se trata de aldeanos que vieron de pronto los poblados atestados de gente empujada con lo puesto a pasarse un tiempo, inicialmente medido, arrimado donde un familiar o donde algún conocido.

Los resultados de aquel ensayo fueron desastrosos por sus consecuencias sociales, económicas y sanitarias, habida cuenta de que coincidió con la pandemia de gripe “la española”.

Los habituados a los relatos del Antiguo Testamento pueden advertir que el aislamiento de personas por razones de salud era una técnica en uso en la Edad de Hierro, en la que vivieron Moisés y los caudillos que le sucedieron en el relato bíblico. Hipócrates, padre de la medicina, también menciona este proceder en el siglo IV antes de nuestra era como un recurso para combatir plagas o enfermedades.

El aislamiento como un recurso para evitar que toda la población enferme al mismo tiempo de un mal para el que no se tiene tratamiento probado no es, pues, un invento imperialista ni un experimento social para cambiar el mundo.

Es, en cambio, el único recurso al que han podido recurrir los gobiernos para evitar una mortandad previsible.

A punto de cumplirse un mes desde que fue anunciado el período especial en el que se encuentra inmerso gran parte del mundo, y el pueblo dominicano en nuestro caso particular, ya muchos cuentan con extenso anecdotario personal.

Cuando terminen las cuarentenas, los toques de queda y la utilización profusa de tapabocas, sólo serán nuestras las historias familiares y personales, porque nada de esto es nuevo, ni siquiera la invasión de un virus que de repente lo vuelve todo patas arriba.

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