Opinión

Apertura en la pandemia

Rosario Espinal

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Desde octubre del año pasado, el Gobierno ha estado anunciando la apertura del país. En la práctica, era difícil hacerlo antes de las vacunas. A principios de este año se agravó el contagio por las fiestas navideñas y aumentaron los internamientos. Luego llegaron las vacunas y creció la esperanza.

Ahora se aplicó el fin del toque de queda en el Distrito Nacional y la provincia La Altagracia, por haber alcanzado el 70% de vacunación que augura la inmunidad de rebaño. Esas dos localidades, sin embargo, presentan una situación especial.

La Altagracia tiene poca población y los principales empleadores son hoteles, que han requerido y facilitado a sus empleados la vacunación. Pero, la población inmigrante haitiana que radica ahí no está incluida en los cálculos poblacionales, por lo cual, al estimar el porcentaje de vacunados, podría faltar gente para llegar al 70% real de los pobladores.

En el Distrito Nacional ocurre lo siguiente: personas de la provincia Santo Domingo se han vacunado en el Distrito Nacional, con lo cual, el porcentaje de vacunados de la Capital podría estar por debajo del 70% requerido para la apertura total. Esto debe considerarse para evitar problemas posteriores, sobre todo, que la variante Delta podría llegar al país si aún no está.

Por su parte, las provincias con mucha población en campos y barrios marginados tendrán mayor dificultad para alcanzar el 70% de vacunados, a menos que desarrollen programas especiales de vacunación para llegar a esos lugares.

La eliminación completa del toque de queda es positiva, sobre todo, para los negocios que operan de noche como bares y restaurantes, y también para la movilidad de la población.

Ahora bien, en un contexto de dificultad económica como el actual, el Gobierno debe tener una política bien diseñada y efectiva de seguridad ciudadana para ejecutar concomitantemente. Durante el toque de queda, la menor circulación de personas en las calles dificulta el negocio delincuencial porque, si los delincuentes transitan, se hacen sospechosos con facilidad; además, las fuerzas policiales tienen menos posibilidad de participar en acciones ilícitas directa o indirectamente, ya que están concentradas en el cumplimiento del toque de queda.

Es decir, una vez eliminado el toque de queda, se reabre el mercado de la delincuencia callejera.

La República Dominicana ha tenido la suerte de recibir muchas vacunas por el conflicto entre Estados Unidos y China. Mientras Estados Unidos estaba concentrado en la vacunación de su población, China ofertó venta de vacunas a algunos países con los que quería mejorar su relación. Más recientemente, Estados Unidos se unió a la venta de vacunas. O sea, en la República Dominicana hay disponibilidad de vacunas para que más personas accedan a ellas. Eso es positivo para enfrentar la pandemia y avanzar en la apertura.

Por otra parte, desde el inicio de la pandemia, la República Dominicana ha registrado una tasa relativamente baja de mortalidad por COVID en relación con muchos otros países. Por ejemplo, Perú es el país que más muertes registra por cien mil habitantes: 605 al 8 de agosto, mientras la República Dominicana registra 37. La razón específica de este fenómeno se desconoce, aunque apunta a condiciones climáticas, inmunológicas, y al uso de tratamientos experimentales.

Ojo: mientras la República Dominicana abre, la variante Delta hace estragos en otros países. La pandemia no ha terminado.

La eliminación completa del toque de queda es positiva

El Distrito Nacional y Prov. La Altagracia presentan una situación especial

El país registra una tasa relativamente baja de mortalidad por covid-19

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