Editorial

Aprobación a las auditorías

Está abierto y por él se marcha, el camino que hace posible fijar criterios sobre el funcionamiento de la automatización del voto utilizada en las elecciones de octubre. ¿En qué medida los equipos resultaban vulnerables a introducciones fraudulentas? Carece de sentido negarse por pesimismo y sin alternativas a validar una indagación técnicamente confiable y con una parte del espectro político depositando confianza en ellas. Se trata de pasos específicos hacia unas dudas que deben ser superadas razonablemente. A fin de cuentas, no se trata de panaceas contra intenciones de falsificar expresiones del sufragio. Los riesgos no terminan ahí; incluso aumentarían significativamente si recuperan espacio los modos comunes y corrientes de hacer comicios que antes trajeron incertidumbres y fracasos.

Para la sanidad del proceso democrático es necesario enfocarse además en la falta de equidad que sobre el tejido social imprimen los abrumadores medios del Estado que ya tienen presencia en estas competencias volcados en publicidad directa e indirecta para influir sobre mucha gente convertida en deudora de favores recibidos o prometidos a partir de una fortaleza injustamente lograda que sirve para seducir votantes con uso de recursos que son de todos los dominicanos aunque algunos logren monopolizarlos para su solo beneficio. De eso saben por experiencia propia quienes objetan auditorías.

Invisibilidad que distorsiona

Las cañadas que no recorren medio a medio a la Churchill ni desembocan en céntricos parques y polígonos pasan fácilmente a los olvidos del Poder y también al desenfoque sobre sus orígenes a partir de desórdenes urbanos y de fallas de servicios municipales y de comportamientos cívicos. No puede aspirarse a que el saneamiento sea pleno si ha de provenir de un solo esfuerzo siendo tan complejas sus causas. El nombre CAASD indica que al crearla el Gobierno asumió la responsabilidad de dotar a Santo Domingo de suministros potables y tratamientos de aguas residuales, metas cumplidas a medias. Se está ante una amputación, pues antes de existir la entidad las tareas corrían por cuentas de los ayuntamientos regularmente estragados por recortes presupuestales unilaterales que limitan sus capacidades. Les quitan alas y después quieren que vuelen.

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