Editorial

Asistir a urnas masivamente

Millones de dominicanos están llamados a cumplir mañana de manera ordenada la obligación cívica de seleccionar mediante votos a las autoridades municipales del próximo cuatrienio. Un día en el que la preferencia ciudadana debe inclinarse libremente hacia los aspirantes que en el recién terminado proselitismo expresaran una identificación directa con los intereses de las comunidades y propusieran fórmulas verdaderamente viables y articuladas para resolver problemas urbanos.

Llenen, señores, las urnas de boletas marcadas con toda conciencia y racionalidad, rechazando la demagogia de villas y castillos y la seducción que envuelve voluntades mediante obsequios personales para desviar a hombres y mujeres de las metas colectivas y esenciales. Ingresa acá una forma de sufragar separada del nivel congresual y presidencial para permitir que el votante se enfoque saludablemente, y al margen de banderías y caudillajes, en los asuntos más propios de su existencia urbana y el día a día. La buena voluntad y adhesión mayoritaria a las reglas del juego de los participantes en el certamen y de quienes las aplican deben allanar el camino hacia el fortalecimiento de las instituciones nacionales y las prácticas democráticas no pocas veces carentes de equidad para competir. Que los desasosiegos y tropiezos de anteriores etapas de la vigencia de libertades en República Dominicana puedan ser superados.

Intruso cristal de conveniencia

El interés de sobrevivir intemporalmente en los altos cargos públicos acicatea espíritus partidarios hacia la transgresión de normas electorales; a pretender a veces que los demás actúen en su misma dirección al caminar hacia las casetas de votar. El pronunciamiento de advertencias para impedir que la gente decida, libre de presiones de poder, la forma de marcar boletas evoca abusos de autoridad que la Repúbllica debía dejar atrás desde antes.

No solo porque funcione la vigilancia y se apliquen las sanciones que corresponden. A eso se jura al llegar al solio. También porque el alto mando de Estado emita clara desautorización a actos supuestamente aislados. Privar al país de inmediatas reprobaciones de sello oficial, propio de la sensibilidad democrática, podría interpretarse como silente gesto de aprobación.

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