Editorial

Atentado a la democracia

Igual que el atentado que protagonizaron los seguidores de Trump en los EE. UU, los seguidores de Bolsonaro en Brasil, asaltaron al Congreso de Brasil con la intención de provocar un derrocamiento del reciente instalado gobierno de Lula.

 El hecho ha provocado la reacción mundial que ha manifestado su rechazo a la intentona y en apoyo al gobierno democrático que encabeza Lula.

Similar a los EE. UU en el Brasil las fuerzas que apoyaron a Bolsonaro se enmarcan en el conservadorismo extremo de derecha, al tiempo de poner de manifiesto una fragmentación que divide la sociedad política brasileña en dos bandos: las fuerzas democráticas de centro izquierda y las fuerzas conservadoras de derecha extrema.

Mientras las fuerzas de centro izquierda en buena medida intentan establecer políticas sociales contra la desigualdad y la pobreza, así como en protección del medio ambiente, las fuerzas de la derecha extrema persiguen fomentar políticas más propensas a la defensa de los intereses de la clase empresarial, mediante políticas estimuladoras que beneficien el capital y la concentración de la riqueza.

Esa lucha entre esas dos fuerzas viene fragmentando a las naciones al tiempo de ir drenando la institucionalidad democrática, a través de la deslegitimación de los valores democráticos. El debilitamiento de la democracia corre pareja con el proceso de vaciamiento de los valores que va ocurrien­do, a medida que el “libre mercado” va imponiendo al “dios dinero” como valor central de la economía y de la vida.

Es el momento cuando se crean las condiciones para el debilitamiento institucional y la fragmentación que hoy se observa en muchos países del mundo y que es un producto directo del reino de la economía neoliberal. Esos procesos los estamos viendo en los EE.UU, Brasil, Perú, Chile, Colombia, México y en otros muchos países.

Y son expresiones generadas por la estrategia de la globalización neoliberal, que no solo produce desigualdad social y pobreza, así como la devastación del medio ambiente, sino que ahora también divide a las naciones en dos bandos contrapuestos: el movimiento de la derecha extrema apoya­do en el mundo empresarial; y el movimiento de centroizquierda y su intento fallido de los socialismos democráticos con apoyo popular en alianza con la clase media.

En ese marco de confrontación, emerge la violencia estructural y la amenaza de la guerra final, que significaría no solo el fin de la democracia, sino el fin de la humanidad y del planeta tierra.

Así pues, que la situación de la institucionalidad del “libre mercado” merece reflexión y sobre todo la reforma de la economía capitalista que dé lugar a la recuperación de los valores y de la institucionali­dad democrática.

Ese es el gran desafío de los movimientos democráticos.  

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