Editorial

Auxilio al Gran Santo Domingo

La ausencia de vacunas y curaciones seguras lleva a ver al nuevo coronavirus como mal indomable, intranquilizador en masa de los seres humanos. No basta con dar respuestas a sus efectos en la salud física.

En República Dominicana, de manera particular, la gente angustiada, contagiada o no, acude mínimamente a consultorios especializados que deberían estar más disponibles para manejar estrés y depresiones.

Los trastornos emocionales están más difundidos en la población, como grave problema de salud, que la infección viral en sí misma.

Generan sufrimientos que pueden restar capacidad natural a individuos para superar un quebranto que quita vidas trastorna la economía y despoja de ingresos a muchas familias.

La repercusión psíquica poco visualizada demanda esfuerzos adicionales de las autoridades. Reclutar en suficiente número a los especialistas del ramo.

La elevada incidencia del mal sobre el Gran Santo Domingo, densamente poblado y activo productivamente, amerita una campaña significativa contra los problemas emocionales. No debe faltar la consulta presencial en ningún nivel de hospitalización.

Es de rigor expandir también la asistencia a distancia, especialmente la telefónica y lograr que esa disponibilidad sea del conocimiento de muchas personas a través de diferentes medios de difusión. Abrir puertas a quienes se sientan angustiados o podrían ser dominados por el pánico.

Fortalecer a la Procuraduría

En contraste con los énfasis del discurso contra la corrupción queda a la vista que los diseñadores del proyecto de Presupuesto 2021 consignan para la Procuraduría General de la República 40% menos recursos que los que demandan sus funciones para ser efectivas y conjurar el vacío de persecuciones que heredan las nuevas autoridades.

Contar con mejores medios para las investigación e instrumentación de expedientes no se lograría con disminuciones de inversión y gastos en el área.

Parecería que en esto también fallaron los tecnócratas de suma y resta que fríamente dejaron fuera de sus cálculos las consecuencias contraproducentes que se arrojarían sobre propósitos y políticas asumidos por quienes han pasado a gobernar. Quienes estén a cargo deben mejorar la terminación de textos que rijan la vida nacional .

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