Editorial

Avance histórico en cita de Tokio

De los Juegos Olímpicos celebrados en Japón, los más atípicos que se recuerden y en medio de una pandemia, los atletas dominicanos regresan con una conquista sin precedentes en número de medallas, dos de bronce y tres de plata.

El entusiasmo removedor de voluntades, los esfuerzos por preservar la salud en las fases de entrenamiento y estadas, y el efectivo respaldo de las autoridades deportivas al valioso material humano, rindieron frutos de orgullo para el país. Progreso en la hermandad deportiva en la mayor cita mundial y cuatrienal a la que concurren, desde cada nación, los hombres y mujeres con excepcionales condiciones musculares, mentales y disciplinarias. Retornó triunfal la delegación más numerosa de este país en hacer presencia en Olimpiadas.

Más allá de las preseas obtenidas el papel jugado por la pléyade nacional durante dos cruciales semanas en Tokio fue una brillante exhibición de capacidad para participar en tales contiendas.

República Dominicana reafirma la posesión de dones que le permiten representarse con donaire en los escenarios de competición más exigentes y diversificados, colocándose, en rivalidad individual y por equipo, cara a cara con la crema y nata que proviene de países que tienen al mundo acostumbrado a arrasar con los medalleros. Los triunfos dominicanos en Tokio auguran mayores glorias. El olimpismo dominicano ha subido de categoría.

Preservación de aguas y familias

El proyecto Presa de Haina (antes Madrigal) va en la dirección de garantizar el suministro de agua potable al Gran Santo Domingo, la mayor concentración poblacional, del país para la que no bastarían en el futuro inmediato las actuales infraestructuras de captación y tratamiento, menos aún si el cambio climático sigue estirando las sequías a ser enfrentadas con una mayor capacidad de almacenamiento.

En los terrenos que pasaría a ocupar el embalse moran muchas familias en estrecha relación, con bienes y medios de vida diversos y unos derechos adquiridos e irrenunciables.

Su reubicación – imprescindible para tan importante obra – tendría, en justicia, que preservarles en otros lugares cercanos patrimonios similares a sus actuales, trasladadas como comunidades que conserven su integral normalidad. No hay de otra.

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