Opinión

“Bailemos un merengue…”(*)

Domingo Caba Ramos

Vivimos en una tensión y angustia permanentes. Aparte de las inesperadas y  complejas situaciones que la vida familiar, laboral y social  nos plantea, los problemas se generan como por encanto, unos tras otros : inseguridad, robos, atracos, violaciones sexuales, feminicidios, actos de corrupción tanto en la administración pública como privada, la fuga de Quirinito y Luis el Abusador, las quejas de Leonel de que Danilo Medina  le hizo fraude en las recientes primarias internas de su partido, la denuncia de este de que un hacker  hindú preparó dicho fraude, el algoritmo, el código fuente, auditoría del sistema de voto automatizado, la suspensión de las elecciones municipales, el apresamiento de un coronel y  de un técnico de la empresa Claro, acusados de sabotaje, así como las debilidades y vicios del gobierno.

Todo lo antes dicho produce un estado tal de tensión, que sin dejar de enfrentar y buscarles solución a esos problemas, de vez en cuando quizás convenga recrear nuestro espíritu con uno de los poemas clásicos de la literatura dominicana, de la autoría de nuestro gran poeta sorprendido, Franklin Mieses Burgos (1907/1976, y con uno de los cuadros magistrales del destacado pintor dominicano, profesor Federico Izquierdo (1904 – 2004)

Pero no solo recrear nuestro mundo espiritual, sino también decir con las palabras del poeta: “Bailemos un merengue que nunca más se acabe/ bailemos un merengue hasta la madrugada”

PAISAJE CON UN MERENGUE AL FONDO

(Franklin Mieses Burgos)

«Por dentro de tu noche solitaria de un llanto de cuatrocientos años; por dentro de tu noche caída entre estas islas como un cielo terrible sembrado de huracanes; entre la caña amarga y el negro que no siembra porque no son tan largos los cabellos del agua; inmediato a la sombra caoba de tu carne: tamarindo crecido entre limones agrios; casi junto a tu risa de corazón de coco; frente a la vieja herida violeta de tus labios por donde gota a gota como un oscuro río desangran tus palabras, lo mismo que dos tensos bejucos enroscados bailemos un merengue: un furioso merengue que nunca más se acabe.

-¿Que somos indolentes? ¿Que no apreciamos nada? ¿Que únicamente amamos la botella de ron, la hamaca en que holgazanes quemamos el andullo la del ocio en los cachimbos de barro mal cocidos que nos dio la miseria para nuestro solaz?

Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue hasta la madrugada, entre ajíes caribes de caricias robadas, cabe cielos ardidos de fuego de aguardiente, bajo una blanca luna, redonda, de cazabe.

Que ya me están urgiendo de caminos reales los nísperos canelas de tus propios racimos, y no sé de qué soles tropicales me vienen todas estas violentas viscerales urgencias de querer cimarronas morbideces de sombras.

-¿Que hay muchos que aseguran que aquí, entre nosotros, la vida tiene el mismo tamaño de un cuchillo?

¿Que nuestra gran tragedia como país empieza desde cuando aprendimos a tocar el bongó? ¿Que el acordeón y el güiro han sido los peores consejeros agrarios de nuestros campesinos?

Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue que nunca más se acabe, bailemos un merengue hasta la madrugada: que un hondo río de llanto tendrá que correr siempre para que no se extinga la sonrisa del mundo.

-¿Que el machete no es sólo en nuestras duras manos un hierro de labranza para cavar la tierra pequeña de conuco, sino que muchas veces se ha convertido en pluma para escribir la historia?

Puede ser, no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue que nunca más se acabe, bailemos un merengue hasta la madrugada: que ya no serán sólo tus manos olvidadas dos sonámbulas rutas de futuras vendimias sobre una tierra brava; ahora te daremos otras maternidades fecundas de distintas raíces verticales.

-¿Que fuimos y que somos los mismos marrulleros; los mismos reticentes del pasado y de siempre? ¿Que dentro de la escala de los seres humanos hay muchos que suponen que nosotros no vamos más allá del alcance de un plato de sancocho?

Puede ser; no lo niego; pero ahora, entre tanto, bailemos un merengue de espaldas a la sombra de tus viejos dolores, más allá de tu noche eterna que no acaba, frente a frente a la herida violeta de tus labios por donde gota a gota como un oscuro río desangran tus palabras.

Bailemos un merengue que nunca más se acabe, bailemos un merengue hasta la madrugada: el furioso merengue que ha sido nuestra historia»

(*) – FRANLIN MIESES BURGOS (1907/1976) Nació y murió en la ciudad de Santo Domingo. Autor de una breve e intensa producción poética, resalta por su profundo lirismo y conceptos filosóficos de tinte existencial. Fue uno de los iniciadores del movimiento literario en su país llamado “Poesía Sorprendida”. Se caracteriza por el acendrado surrealismo y posición antidictatorial contra el gobierno del dictador Rafael Trujillo

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