Editorial

Caída de otro capo

César el Abusador se hizo conocido a nivel nacional luego del incidente en el que salió herido el afamado pelotero David Ortiz. Antes de ese hecho era conocido solo en ciertos estamentos de la sociedad capitalina.

Poco tiempo después las autoridades desataron una espectacular persecución, denunciándolo como cabeza de una poderosa red del narco. Esa persecución duró más de tres meses, sin dar con el paradero del próspero narco, dando lugar a especulaciones que señalaban la protección con que contaba de parte de altas autoridades políticas y militares.

Sin embargo, el capo decidió salir del país y en tan solo unos pocos días al llegar a Colombia, la Policía de allí, en coordinación con organismos de los EE.UU y de República Dominicana, y sin gran aspaviento, lo hizo preso en un Hotel de Cartagena de Indias, desde donde será extraditado a los EE.UU, para ponerlo a disposición de la Justicia norteamericana.

Con ese episodio se cierra este otro caso de un prominente narcotraficante, cuyas actividades delictivas le permitieron acumular una gran fortuna sin ser molestado por las autoridades por espacio de unos 20 años de operación. El caso recrea la memoria de otros que le antecedieron: Luis Horacio Cano, Florián Félix, Figueroa Agosto, Arturo del Tiempo, Toño Leña y Quirino.

Lo que ha pasado hasta ahora y la dinámica del negocio del narcotráfico permiten afirmar que la cadena de capos seguirá reproduciéndose en nuestro país, por lo que debemos estar en alerta en la lucha que libran los EE.UU, en su persecución contra las mafias latinoamericanas que tratan de derivar dineros en su beneficio, del gran volumen de dólares que genera el mercado de consumo de drogas en los EE.UU y Europa.

También debemos tener en cuenta que esa actividad gravitará sobre nuestro país y que actuará como un factor de crecimiento de la economía, pero también de la criminalidad y la delincuencia, de la inseguridad ciudadana y de la debilidad institucional y la baja moral de la clase política y de la propia ciudadanía, con lo cual se vulneran la Ley y el estado de derecho.

El narco actuará siempre como una fuente de riqueza atractiva para los grupos del poder fáctico formales e informales, oficiales y civiles, los cuales impedirán el desarrollo del país en materia de la institucionalidad democrática, a consecuencia de su gran poder para financiar las operaciones político-partidarias en un régimen de “democracia clientelar”, y en su afán de alcanzar riqueza e impunidad.

El narcotráfico, por su naturaleza de actividad ilegal y penalizada, siempre actuará como una poderosa causal de la descomposición social y moral de la nación.  Y por su vinculación con los EE.UU será también un factor facilitador de dependencia y débil soberanía del país respecto a los gobiernos de los EE.UU.

Esa pesada y difícil actividad por su penetración y ramificación en el tejido social, sobre todo, en un contexto de pobreza  afectado por la “revolución de las expectativas”, constituye uno de los principales desafíos y obstáculo para el desarrollo institucional y moral de la nación, que se debe enfrentar mediante la política de Estado que busque el desarrollo nacional.

¡Salgamos del narcotráfico por la vía del desarrollo!   

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