Editorial

Caos en el tránsito

El colapso en el tránsito urbano e interurbano en días previos a Nochebuena ha tomado por sorpresa a las autoridades que no logran aliviar los largos taponamientos y congestionamientos de vehículos en avenidas y corredores del Gran Santo Domingo, Santiago y otros municipios convertidos en pandemónium.

Recorrer por las avenidas 27 de Febrero, Máximo Gómez, Winston Churchill, Abraham Lincoln, Sommer Wells, Duarte, Rómulo Betancourt y Sarasota tardaba ayer entre una y dos horas, al igual que las principales vías de Santo Domingo Este y Santo Domingo Norte.

El caos desbordó la capacidad de los agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte (Digesett) y convirtió en inútil el sistema de semáforos, lo que se agravó aún más por la imprudencia de choferes y conductores de vehículos livianos, autobuses, camiones y patanas.

A juzgar por el desorden vial que se observa en la mayoría de las avenidas y corredores, puede decirse que la Digesett no se preparó para afrontar el previsible incremento del tránsito como consecuencia de la proximidad de Nochebuena y Navidad.

Lo deseable sería que las instituciones relacionadas con el diseño y articulación del tránsito, incluidos la Policía, Ayuntamientos y el Ministerio de Obras Públicas apliquen urgentes medidas para afrontar el infierno que significan los congestionamientos de vehículos agravado durante el periodo de Navidad y Año Nuevo.

Improvisar

Ha sido costumbre en todos los gobiernos que funcionarios se afanen por encontrar las fórmulas del agua tibia y la que sustenta la cuadratura del círculo, como ocurre ahora con el ministro de Interior y Policía, Jesús Vásquez, quien anuncia que esa dependencia elaborará un reglamento sobre organización y celebración de bodas.

El Gabinete de Salud también elaboró un protocolo que regiría esas ceremonias, a los fines de que contrayentes y asistentes respeten las medidas de prevención contra el coronavirus, cuya violación ha motivado el cierre de establecimientos donde se celebraron matrimonios y las detenciones de invitados.

Mientras el ministro de Interior se afana en elaborar un catálogo de bodas, su colega de Salud reclama que dejen tranquilos a los contrayentes, después que él mismo ordenó cierre de locales y apresamiento de asistentes a esas ceremonias. Eso se llama improvisar.

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