Editorial

Castigar la ocultación

No debe desaparecer ningún registro de actividad administrativa, de gastos para diversidad de propósitos y destinatarios, de contrataciones que comprometieran fondos públicos y que deban ser transparentados tras cada período gubernamental.

A grandes rasgos se han percibido manos sueltas para el dispendio y otros excesos en reciente etapa del Estado y sus diferentes apéndices que suelen estar amparados en autonomías para muy controversiales discrecionalidades. Se ha estado aparentemente fuera de supervisiones y controles.

Procede indagar el porqué de llevar vidas principescas en altos niveles burocráticos con desborde de nóminas y privilegios, según huellas del pasado que es necesario auscultar.

La inexcusable desaparición de documentaciones electrónicas e impresas tendería a cubrir de impunidad movimientos administrativos.

Ninguna acción o inacción gerencial, aun atribuible a ignorancia de las reglas o error humano, podría librar de sanciones a antiguos o todavía presentes encargados de funciones en la cosa pública, ni al amparo de leyes que alegadamente permitan desempeños sin subordinación a superioridades.

Cualquier abuso de autoridad o lesión deliberada o irresponsable causados a patrimonios del Estado debe recibir sanción. Lo punitivo tiene que incluir a quienes entorpezcan investigaciones forenses haciendo ilocalizables datos útiles a los esclarecimientos.

A la carga contra los opositores

Para la gobernadora provincial de La Vega, los empleos públicos de su jurisdicción han pasado a ser propiedad del partido que ganó las pasadas elecciones.

Sin tapujos ni medias tintas anunció una cacería de opositores sobre organismos administrativos, en un tono contrario a los propósitos de cambio que llevó a una mayoría de votantes, sin filiación política casi siempre, a preferir candidatos que ahora ejercen el poder.

Su pronunciamiento, de absoluta unilateralidad y sectarismo posesivo sobre un Estado que es de todos los dominicanos, niega de entrada sentido democrático a su gestión y la coloca fuera de la mística asumida por el liderazgo triunfador, de actuar de manera diferente, de apartarse de odiosas prácticas del pasado.

No debe primar la intención de seguir fallándole a la nación. Que solo cambien algunas cosas para seguir igual.

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