Editorial

Color de hormiga

El país podría verse, a la vuelta de semanas, en una situación difícil si persisten los altos costos de los combustibles más usados para la generación de energía.

De que vuelven los apagones, incrementados en tiempo y frecuencia, es por demás previsible.

Porque el país no tiene el control sobre los precios internacionales del gas natural, del gasoil y fuel oil, estos últimos derivados del petróleo.

Pero el mayor temor es que, al compás de los altos costos de esos combustibles, no haya manera de asimilarlos, salvo que el gobierno decida continuar su política de subsidios.

Con esto evitaría transferir esos costos a los consumidores finales, a un alto precio pues las previsiones son que cerraremos el año con un déficit del sector eléctrico cercano a los 1,500 millones de dólares.

Evidentemente que es impensable que el gobierno le tire ese sobrecosto a la clase media, ya estresada por otros componentes de la inflación.

Lo cierto es que se verá enfrentado a una mayor presión sobre las finanzas públicas, ya alertadas para que comience a consolidar el peso del endeudamiento.

Lo que ocurrió este fin de semana fue que al salir varias plantas de Punta Catalina, AES y el CEPCM, el fenómeno tumbó drásticamente la oferta nacional, mientras se hacían ajustes para el cambio de la matriz de generación.

Con esos antecedentes, más un costo agregado de los combustibles más usados por esas generadoras, no es ocioso vislumbrar que la situación tienda a ponerse color de hormiga.

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