Salud

Cómo dejar de comer en exceso: la rutina simple que recomiendan expertos


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Controlar la cantidad de comida ingerida es un desafío frecuente que impacta la salud y el bienestar diario. Según la Cleveland Clinic, existe una diferencia esencial entre la sobrealimentación ocasional y el trastorno por atracones, determinada por la intensidad, las causas y el efecto en distintas áreas de la vida.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que los hábitos alimentarios desordenados aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles, reforzando la importancia de abordar el problema con un enfoque integral.

Para dejar de comer en exceso y mantener hábitos saludables, es clave identificar los factores emocionales y ambientales que impulsan el consumo, establecer una rutina regular de comidas, practicar la atención plena al comer, dormir bien, evitar dietas restrictivas extremas y buscar apoyo profesional si la situación resulta difícil de manejar en solitario.

La psicóloga Susan Albers, de la Cleveland Clinic, precisa que la sobrealimentación está asociada a estados emocionales, pero no siempre implica la pérdida de control que define el trastorno por atracones. Esta diferencia es fundamental para comprender el fenómeno y aplicar estrategias de prevención efectivas.

Factores y hábitos que favorecen el exceso

Las emociones influyen de manera significativa en la sobrealimentación, tanto negativas como positivas. Albers recomienda detenerse antes de comer para identificar el estado emocional, ya que esa pausa puede evitar la ingesta innecesaria. El aburrimiento es una causa común, especialmente al estar frente a pantallas. Para interrumpir este patrón, sugiere cambiar de ambiente, caminar o beber algo frío.

Los hábitos de compra también determinan el consumo. Cleveland Clinic aconseja planificar las compras, hacer listas y colocar alimentos saludables en lugares visibles, lo que reduce la tendencia a elegir productos para comer en exceso.

Picoteo nocturno Freepik

El control de las porciones es otro elemento clave. Servir los alimentos en platos, en vez de comer directamente del envase, y planificar las comidas facilita la toma de conciencia sobre el consumo. Esta organización ayuda a evitar pedidos impulsivos en restaurantes o reuniones familiares.

El ritmo al comer también influye en la cantidad ingerida. Comer despacio y a un ritmo propio, sin dejarse llevar por el entorno, permite atender las señales reales de hambre. La Cleveland Clinic subraya que comer sentado y de forma consciente ayuda a disfrutar más los sabores y a limitar el consumo excesivo.

La procrastinación puede llevar a usar la comida como distracción. Elegir alternativas distintas para hacer una pausa contribuye a evitar este mecanismo y refuerza el autocuidado.

Estrategias para una alimentación más consciente

La alimentación consciente comienza con una compra planificada y la selección intencionada de los productos que se llevan al hogar. Mantener opciones saludables al alcance facilita escoger alternativas mejores ante los impulsos.

Albers subraya que planificar menús para salidas o reuniones ayuda a prevenir tentaciones y favorece el autocontrol. Evaluar las opciones antes de servirse ayuda a tomar decisiones informadas y escoger porciones menores. Comer a un ritmo propio, sin ajustarse al de otras personas, reduce la posibilidad de consumir en exceso de forma automática.

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Consumir los alimentos sentados, especialmente en contextos sociales, fomenta la concentración en la comida y mejora la percepción de la saciedad. Así se disfruta la experiencia y se limita la sobrealimentación.

Rutina y descanso: aliados contra el exceso

Establecer una rutina alimentaria regular favorece la regulación de hormonas como la grelina y la leptina, asociadas al hambre y la saciedad. Comer a la misma hora, hacer ejercicio y manejar el estrés ayudan a mantener el equilibrio y previenen la ingesta excesiva.

Cleveland Clinic resalta la importancia del descanso. Mantener horarios regulares para dormir mejora la higiene del sueño y regula el apetito. Perder solo una hora de sueño puede aumentar considerablemente los antojos y el consumo desmedido.

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