Opinión

¿Cómo la guerra influye en los precios del petróleo?


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Aquiles Olivo Morel

El mundo, tal como se conoció en estos últimos 70 y pico de paz continua, llegó a su final, desde que el presidente Donald Trump, y sus analistas empezaron a enseñarles sus conclusiones, del papel que le tocará a ese gigante que se llama EE. UU., decadente y complicado en el manejo de la geopolítica. La guerra del Medio Orien­te, además de un cálculo fallido, por parte de sus estrategas, quienes pensaban que concluiría en apenas semanas, va más allá de los pronósticos, para entrar en un choque entre civilizaciones, la más antigua, compleja y heredera de la visión Chii, cuyo líder lo fue el renegado Ali, única descendencia directa de Mahoma, el gran profeta que vivió 600 años, ­después de la venida de Jesúcristo, el máximo artífice de la religión cristiana.

Occidente despertó en medio del ­estupor cuando las primeras oleadas de los ataques afectaron a Israel, aún el pueblo elegido de Dios, luego a todas las bases de los EE. UU., estratégicamente situadas para responder cualquier ataque de un enemigo, quien jamás ignoró en estos 50 años del control de Irán, la anti­gua Persia, siempre esperó. El petróleo siguió saliendo a través del estrecho de Ormuz, sin importar si las tensiones eran o no complicadas, hasta para el manejo diplomático. La razón siempre fue ­simple: a través de ese incidente geográfico transitó el 20% de los combustibles fósiles que la industria petrolera iraní suministraba a estructura productiva de los países occidentales. Los varios contra­tiempos, entre viejos gigantes no fueron semejantes ni por asomo al actual. En esta ocasión, los golpes recibidos por los cuadros de mando tocaron las fibras más sensibles del régimen, con la caída de Jameneí y su familia, alguien quien se llevó a la tumba los secretos de gober­nar por mucho tiempo ese país.

Las principales economías hablan de un modesto incremento en los precios del barril de petróleo que alcanza el 30%; los gobernantes decidieron ajustar sus planes de desarrollo; los Bancos Centra­les explican sus pronósticos, organizan sus planes y miran el curso que puedan tomar estos acontecimientos; en fin, en esta parte del mundo se siente los agitados vaivenes de esta guerra. Los precios del crudo comienzan a subir, aunque ni una sola gota del consumo dominicano proceda de los pozos iraníes. La revolución emergentica apareció, tiempo atrás, como parte de la agenda global, miles de documentos y foros, ­incluyendo el de Davos, ya no parecen tan optimista en la esperada transición que se esperaba. La propia Francia en Europa cambió sus apuestas, la cual ­establece que para el año 2030, su parque vehicular transitaría por ser una consecuencia de esta revolución energética, en la que la energía solar y otras fuentes ­alternativas jugarían un rol importantí­simo en la misma.

Un autor de mucho renombre en el análisis sociológico, Francis Fukuya pronosticó, en su momento el “Fin de la Historia”, igual otros autores siguieron pensando que la marcha de los cambios se reduciría lentamente, y que los próximos conflictos serían “Guerra entre civi­lizaciones”. Nada de lo pensado por el laureado escritor alcanzó y por los demás fue cierto. Nuevos conflictos y reacomo­damiento sucedieron; la URSS disuelta y que motivó tal tipo de pasamiento. Hoy algunos teóricos de la extinta URSS, consideran un paso táctico equivocado y han pedido en sus conclusiones teóricas el desbalance que este acontecimiento ha implicado. Lo que aconteció irremediablemente fue neoli­beralismo como alternativa, el cual sacó de la pobreza una parte significativa en su breve expansión por el globo, no pudo echar raíces, cuando los principales países empezaron a observar el curso por el cual se desarrollaban los aconteci­mientos de los denominados bloques de comercio y el papel desempeñado por el dólar.

Las mercancías incrementan su ­precio, por lo regular basado en la ley de la oferta y la demanda, sin embargo, en esta ocasión, la suspensión repentina de un torrente significativo del petróleo procedente de Irán ha afectado la cadena establecida por largos años, trastornando además el curso natural del producto. Los bombardeos llevados a cabo por los EE. UU. e Israel son considerados como la razón principal para empujar la esca­lada alcista, sin precedentes recientes. El régimen de los Ayatolás desafía las preten­siones de Occidente de disponer de una batería diplomática capaz de inmis­cuirse en las decisiones políticas de esa antigua nación. Los precios del petró­leo en lo adelante serán una especie de termómetro para medir el curso de estas relaciones conflictivas, donde el régimen político religioso no tendrá oportunidad de subsistencia sino se ­emplea a fondo negociando nuevas ­alternativas a su programa nuclear.

El tiempo de duración del conflicto y el costo de esa empresa será determinante en el transcurso de lo próximo día para definir que tipo de mundo resurgirá. La parte energética favorece a China y a Rusia en este nuevo balance frente a la conspiración de un dólar que parece desafiar cualquier adversidad para seguir siendo el que rige el comercio global.

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