Opinión

Comunidades Emprendedoras II

Moisés Estévez

Continuando con el desarrollo del tema de las Comunidades Emprendedoras, según el planteamiento esbozado por Brad Feld, en esta entrega, se presenta el rol que debería corresponder al gobierno y a las instituciones educativas.

¿Qué papel le correspondería al gobierno? El gobierno debe de contribuir en propiciar condiciones que sean favorables, o cuando menos, en no poner demasiadas trabas al emprendimiento. No obstante, hay razones por las cuáles no debieran ser los gobiernos quienes se ocupen de la dirección de la comunidad emprendedora. Los gobiernos emplean otro tipo de estímulos, otras motivaciones e incluso, otra temporalidad, generalmente subordinada a períodos electivos, lo cual es óbice para que de forma verosímil pueda asumir un compromiso y liderazgo a largo plazo. Los gobiernos operan fundamentalmente como jerarquías, mientras que una auténtica comunidad emprendedora debe operar más bien como una red, con múltiples liderazgos que emerjan de forma orgánica. Además, quienes trabajan en la administración pública, por lo general, tienen escaso contacto con la realidad de un emprendedor, lo que conlleva a un deficiente diseño de políticas y programas, junto con una pobre ejecución de los mismos. La obra de Feld, no ahonda en programas innovadores o experiencias que desde el sector público logren corregir las limitaciones clásicas en ejecución de programas de gobierno dirigidos a emprendedores.

Conociendo la forma en que operan los gobiernos, a través de sus distintas instituciones, (el emprendedor enfocado a la acción, mientras que el sector público habla de políticas, las que toman tiempo antes de traducirse en acciones concretas), con otro lenguaje, con otra estructura de incentivos, los emprendedores deben evitar caer, en depender de iniciativas gubernamentales. Cualquier pretensión de parte de los emprendedores por influir en el diseño de las políticas públicas, con el objetivo de que sean favorables a su actividad, debe basarse en expectativas realistas, a sabiendas que puede tomar muchos años antes que las leyes sean aprobadas, que los programas se pongan en marcha y que cuenten con el financiamiento necesario.

Las universidades pueden contribuir con una serie de recursos para que brote y se sustente una comunidad emprendedora. Las universidades proporcionan un flujo continuo de nuevos talentos, disponen de infraestructura y son una fuente de generación de nuevas ideas con potencial revolucionario. No obstante, deben operar importantes transformaciones en su cultura, en sus políticas y en su estructura de incentivos, para que dichas universidades, sean un verdadero aliado de los emprendedores. Eventualmente, las universidades pueden ser un catalizador de la comunidad emprendedora, un centro básico de convergencia, siempre y cuando entiendan, que su rol es el de nutrir a la comunidad, permitiendo que el liderazgo quede en manos de los emprendedores y que la dinámica que estos generen, no esté supeditada a los intereses de las corporaciones educativas.

Por otro lado,  según Feld  (quien es un inversionista de riesgo), los inversionistas son menos relevantes de lo que muchas veces se estima. Irremediablemente siempre va a existir un desequilibrio entre la oferta y demanda de capital. Siempre va a estar presente la queja de que no existe suficiente capital disponible para el emprendedor y que muchas buenas ideas no son financiadas. Sin embargo, el consejo que Feld da a los emprendedores, es que se olviden del capital en el corto plazo, ya que solo una pequeña minoría de las empresas exitosas, de hecho ha recibido financiamiento de riesgo y, si logran desarrollar una propuesta de valor atractiva, eventualmente el capital los seguirá.

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