Opinión

Comunidades Emprendedoras III

Moisés Estévez

En esta última entrega, se hace referencia puntual a diversos servicios de apoyo a los emprendedores que forman parte de un mismo ecosistema, siguiendo el esquema de Feld. Se incluyen las aceleradoras e incubadoras de empresas, también se señalan los servicios legales, contables, entre otros. Para que estos servicios formen parte de la comunidad, deben asumir una visión de largo plazo y apostar, no por generar negocios lucrativos a corto plazo, pero si tener la expectativa, de que los emprendedores pueden transformarse en clientes y aliados valiosos a largo plazo, en los cuáles eventualmente se puede invertir.

Idealmente, los servicios de apoyo deben plantearse la posibilidad de subsidiar a los emprendedores o incluso de ofrecer servicios gratuitamente, entendiendo que de esta forma, crean una relación que les redituará beneficios a largo plazo. Las grandes empresas también pueden desempeñar un rol en el desarrollo de  la comunidad emprendedora, en la medida que ofrezcan recursos, proporcionen infraestructura o que ellas mismas impulsen programas que integren a los emprendedores en sus ecosistemas. ¿Qué lecciones se pueden extraer para la región? Una característica extendida es la falta de capital social, la desconfianza entre distintos actores y las enormes barreras sociales que dividen a la población.

Uno de los mayores desafíos es generar comunidades de confianza y apoyo mutuo, donde la gente pueda comunicar sus ideas, acceder a apoyo, colaboradores e inversión, sin verse inhibidos por el temor a ser utilizados. La comunidad debe operar como un micro clima dentro de la sociedad, con una cultura propia que promueva la apertura, el intercambio de ideas, la colaboración, la inclusión y las relaciones horizontales no jerárquicas entre sus miembros, donde las interacciones no sean de suma cero, sino que se busque el beneficio de todos los que participen de ellas. Esta comunidad siempre se va a ver amenazada por comportamientos oportunistas, por lo que debe tener mecanismos para detectar, sancionar y excluir a este tipo de personas o instituciones.

Eventualmente, quienes pueden liderar estas comunidades, son emprendedores de las diásporas, que conocen como operan otras comunidades, que reconocen su cultura y que eventualmente pueden replicar sus buenas prácticas, adaptándolas a la realidad local. Según Víctor Hwang, fundador del programa “Connect San Diego”, se debe “explicitar el contrato social”, explicitando las normas que permiten que la comunidad se reproduzca y prospere. Estas normas no son evidentes en culturas de desconfianza, donde priman las transacciones de suma cero y donde la confianza se circunscribe al círculo más íntimo de familiares y amistades cercanas.

Los miembros de la diáspora emprendedora, al haber estado expuestos a comunidades donde el liderazgo no es gubernamental, pueden también asumir un liderazgo orgánico y promover una ruptura respecto a la dependencia del sector público. Esto no significa que no exista un amplio margen para iniciativas desde el gobierno. Pero al margen de lo que haga o deje de hacer el gobierno, existen inmensas oportunidades para iniciativas que nazcan desde la base y que pueden tener un impacto decisivo en generar un entorno más acogedor con los emprendedores.  Es indudable que también el gobierno puede hacer el esfuerzo por dotarse de una institucionalidad y de programas que operen con otra cultura, que sea más cercana a la realidad del emprendedor (no contaminada por la burocracia) y con un diseño de programas que consideren como punto de partida, las necesidades del emprendedor. Antes de esperar que esto ocurra, deben ser los mismos emprendedores quienes asuman la dirección que les corresponde en sus respectivas comunidades.

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