Editorial

Contribuir a los regresos

Las más radicales medidas que frenan la economía para que la expansión de la Conavid-19 no alcance los ribetes catastróficos de otros lugares del mundo no han impedido que una mayoría de dominicanos reciba suministros esenciales en materia de alimentación, fármacos cruciales y artículos médicos comprendidos en una gama importante de renglones industriales y de distribución comercial. El país transcurre a medias todavía. No ha llegado la hora de eliminar restricciones aun reportándose índices epidemiológicos que en su eventual tendencia positiva ayudarían a ver una luz al final del túnel. No es ésta una invitación a suponer que lo peor ha pasado ni a acogerse a expectativas pendientes de fundamento; más relacionadas al hastío y al trastorno en que muchos dominicanos se encuentran por la cuarentena y el toque de queda que a los indicios contundentes de que el mal declina.

Cada balance de tanda diaria que deje de reflejar importante moderación en el registro de infecciones nuevas; en el que no conste una apreciable reducción de la letalidad ni sea visible un curso ascendente en el número de pacientes que recuperan la salud, está encerrando razonables motivos para mantener en alto las alertas. Falta ver crecer las detecciones de infectados asintomáticos y sentir que con mayor rigor se está procediendo a evitar aglomeraciones que facilitan contagios en el marco de actividades permitidas.

   Humanizarse en las desgracias

Repeler que las autoridades sanitarias reserven espacios dispersos en el territorio nacional para alojar y tratar en aislamiento a personas con síntomas o que sufren la Coronavid-19 es irracional e inhumano. Ningún centro de los así creado con total profesionalidad, protocolos y barreras para microbios resulta susceptible de convertirse en irradiadores de infecciones. Como se ha visto ya, oponerse a esos oasis armados de cordones sanitarios puede pesarles a histéricos opositores. La impredecible aparición de casos en más y más comunidades vive creando urgencias de rodear de asepsia a colectividades rurales y urbanas porque algunos de sus miembros han caído en estado delicado. ¿Qué mejor alternativa que neutralizar localmente los riesgos que cada sitio encierre para sus moradores y no que sus enfermos sean llevados a lugares remotos?

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