Editorial

Creciente peligro por violar reglas

El ansiado retorno a la normalidad en muchos órdenes de la vida nacional, constreñida en el accionar colectivo por la covid-19, ha pasado a depender, como pocas veces, de lograr una extendida adhesión ciudadana a las normativas de obligado cumplimiento o no que señalan con claridad las formas casi únicas de contener la propagación de la enfermedad que tantos riesgos entraña para la salud. La campaña contra el mal que el Gobierno se empeña en llevar adelante con un concurso generalizado de hombres y mujeres, no ha cesado de sufrir menoscabos por actuaciones individuales que dispersan sobre el territorio nacional sus inobservancias a las recomendaciones imprescindibles para que el pueblo supere la peor crisis sanitaria de que se tenga memoria.

La nación tiende preocupantemente a quedar situada en una circunstancia que haría posible que la pandemia se eleve a picos por las transgresiones en que incurren muchas personas al definido esquema protector de la salud de aplicación universal. No sería necesario que la desobediencia resulte numéricamente importante en involucrar personas; ni que puedan contarse con los dedos de una mano los focos a que dé lugar la subestimación del virus que brota veloz de los alientos. Una serie recurrente de incumplimientos a las reglas de salubridad, incluyendo indolentes violaciones al toque de queda, serían suficientes para caer en retroceso.

Viendo cosas que funcionan

Los alimentos llegan a muchas mesas; la electricidad solo falla si las chichiguas tocan líneas; no porque falten técnicos bragados y diestros; y lo común es que sobrevivan a voltajes. Médicos, enfermeras, laboratoristas y un numeroso personal sanitario reforzador cumplen con el deber de proteger vidas con riesgos para sí mismos. Aunque un número de ellos termina siendo paciente, la gloriosa tropa no decrece.

Una serie de suministros y servicios a la nación provienen de productores, transportistas y distribuidores que hacen posible que la vida siga aunque le falte holgura; y el Gobierno no para de buscar buenos resultados con ingenio y recursos. Mientras la gente le exige más por los riesgos que corre, muestra decisión en ejercer su liderazgo. Por lo visto, en la gran legión de los activos se aplica bien la autoprotección. Combaten para triunfar con un mínimo de bajas.

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