Opinión

Crítica al estado actual de la Carretera Duarte, tramo Navarrete–Montecristi


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Por: Arquitecto Julio Gaspar Isidor Sosa

La Carretera Duarte, uno de los principales ejes viales de la República Dominicana, ha perdido gran parte de su función original en el tramo que conecta Navarrete con Montecristi. Esta vía, concebida para facilitar el tránsito interprovincial, hoy se ha transformado en una carretera fragmentada, lenta y peligrosa, debido a una serie de decisiones poco planificadas por parte de las autoridades del Ministerio de Obras Públicas.

En primer lugar, se han instalado más de cincuenta “policías acostados” (reductores de velocidad) a lo largo del tramo, obligando a los conductores a reducir la velocidad prácticamente a cero millas en múltiples puntos. Esta medida, aunque bien intencionada en materia de seguridad, se ha convertido en un obstáculo constante que interrumpe la fluidez del tránsito y acelera el deterioro de los vehículos por el constante frenar y arrancar.

La raíz de este problema se encuentra, en gran medida, en la ocupación irregular del espacio público. Se ha permitido que particulares instalen negocios y estructuras sobre las aceras y pasos peatonales, reduciendo el margen de seguridad y provocando que las autoridades recurran a soluciones improvisadas, como la colocación excesiva de reductores de velocidad. Lo más preocupante es que de noche estos policías acostados no se ven, sorprendiendo a los conductores y aumentando el riesgo de accidentes.

A esto se suma el incremento desordenado de los cruces de calles sin pasos a desnivel ni pasos peatonales seguros, lo que aumenta el riesgo de accidentes. En varios municipios por donde pasa la carretera, incluso se han construido aceras y contenes que estrechan el ancho de la vía, afectando la circulación de camiones, autobuses y vehículos de gran tamaño. Todo esto sucede ante la mirada indiferente de las autoridades gubernamentales, sin que se adopten medidas correctivas o un plan de ordenamiento vial integral.

Otra práctica preocupante es permitir la ubicación de escuelas con salidas directas hacia la carretera, lo que representa un peligro para los estudiantes. En lugar de construir vías de acceso o calles secundarias de protección, se opta nuevamente por colocar dos o tres policías acostados frente a cada plantel, agravando aún más la lentitud del tránsito.
Como consecuencia de este desorden, la Carretera Duarte ha sido desnaturalizada: dejó de ser una vía interprovincial de conexión rápida y segura, para convertirse en una avenida de circulación local, interrumpida por obstáculos cada pocos metros.

Esto genera un notable aumento en el consumo de combustibles, mayor tiempo de recorrido, incomodidad para los viajeros y una evidente disminución del flujo turístico hacia la Línea Noroeste.

Es urgente que el Ministerio de Obras Públicas y las autoridades municipales revisen esta situación, restituyan el carácter interprovincial de la carretera y establezcan un plan de ordenamiento vial que equilibre la seguridad de las comunidades con la eficiencia del tránsito nacional. La Carretera Duarte es una arteria vital para el desarrollo de todo el Cibao y el Noroeste, y su deterioro funcional afecta directamente la economía y la calidad de vida de quienes transitan y habitan en esta región.
El tramo Navarrete–Montecristi de la Carretera Duarte ha perdido su función de vía interprovincial. Las autoridades del Ministerio de Obras Públicas han permitido la instalación de más de 50 policías acostados, obligando a los vehículos a reducir la velocidad a cero millas.
Esta situación es consecuencia de permitir negocios sobre las aceras y pasos peatonales, además de cruces de calles sin pasos a desnivel ni peatonales. Ultimamente se han puesto a funcionar algunos semáforos, en ves de otro tipo de solución vial.
En varios pueblos, aceras y contenes han estrechado la vía, y en las escuelas colocan hasta tres reductores como “solución” al peligro.
La carretera: ahora es lenta, peligrosa y desagradable de recorrer, afectando el turismo y la economía de la Línea Noroeste.
Mientras se promueve el desarrollo industrial de Manzanillo y el turismo en Montecristi, la interconexión vial es obstaculizada por la falta de planificación y la proliferación de barreras innecesarias. Es momento de que las autoridades devuelvan a la Carretera Duarte su verdadero propósito: conectar provincias en lugar de interrumpirlas.

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