Opinión

Crónica a dos voces

Emerson Soriano

 En el siglo XVIII Thomas Carlyle decía, “…La historia del mundo no es sino la biografía de grandes hombres”. Napoleón Bonaparte decía que “…después de todo, la historia no es más que una fábula con la que estamos de acuerdo. Will y Ariel Durand sostenían que “…la mayor parte de la historia es fábula, el resto adivinación”. Personalmente pienso que deberíamos mantener el criterio distintivo entre historia y verdad histórica, porque, si bien el relato histórico admite el mito -conforme la preponderancia que le confiere Yuval Noah Harari-, la verdad histórica, per se, no.

La cuestión viene a cuento a propósito de los dos discursos de la semana, el de Leonel Fernández y el de Danilo Medina. Pudiera decirse que ambos hacen la crónica de las luchas internas y el desempeño electoral del Partido de la Liberación Dominicana en los últimos treinta años. Se puede pensar, incluso, que cada uno hace su relato desde la perspectiva de su particular interés. Pero con lo que hay que tener cuidado es a la hora de decidir cuál de ellos hace un relato que subsume en la verdad histórica.

Sin embargo, determinar tal cuestión no precisa de una ecuación similar a la necesaria para el lanzamiento de un cohete al espacio. La mayoría de los dominicanos conoce -porque lo ha visto- cómo reaccionan nuestros políticos ante la posibilidad de perder su espacio de poder. Así, todo el mundo sabe las posturas que ha asumido uno y otro personaje cuando la historia los ha puesto en la disyuntiva de perder su espacio de poder o dividir el PLD. Y como, “peleadas las comadres se descubren los compadres”, ahora ha quedado evidenciado -por los rápidos arreglos a que se ha llegado para postular al doctor Fernández por uno o varios partidos- que los planes del “sí o sí” del leonelismo no son improvisados, se hacían desde hace tiempo.

Admiro muchas cosas del doctor Leonel Fernández, pero, esta vez, creo que será a Danilo a quien le tocará decir los versos de Levitansky: “Y a pesar de todo soy feliz, porque pude existir hasta este instante, hasta esta potente sacudida de las pesadas entrañas de la tierra. ¡Sobreviví, tuve tanta suerte! Comprendí, y sé en verdad, que la historia no se equivoca en su movimiento, solo que sus cotas no tienen que ver con nosotros”.

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