Opinión

Cuando la política se vulgariza

POR RAFAEL SANTOS

Es difícil, pero muy difícil el ejercicio de un tipo de política sana, coherente y servicial en una sociedad como la nuestra, sobre todo, si tomamos en cuenta la baja educación que sobre este tenor tienen los que se aventuran a transitar por ella, incluyendo la sociedad llana, es decir, la que observa y escoge a sus líderes mediante procesos eleccionarios u otros.

De acuerdo a las corrientes del pensamiento Griego, la política es la herramienta más importantes para llegar a determinados acuerdos, ya que la misma era usada en las llamadas politeia, para conversar, y a partir de ahí, arreglar ciertas situaciones que bien pudieran servir como marco para el desarrollo armonioso de los comunitarios. Es decir, que ésta más que todo, era diálogo.

Ahora bien, quienes no comulgaban o no tenían espacio dentro de la politeia, eran llamados bárbaros, por no tener estos últimos, capacidad de conversar entre sí para arreglar sus diferencias; los cuales sumados a los idión, que eran los menos pensantes (de ahí el término idiota), formaban el grupo de los llamados rebeldes, iletrados, idiones o idiotas, pero sobre todo, incapaces de dialogar y así mediante este ejercicio solucionar las diferencias existentes por medio de la palabra hablada.

El ejercicio de la política en la mayoría de nuestro países tercermundistas es una de las tareas más difíciles, más riesgosa, pero sobre todo más criticadas por quienes a lo mejor con calidades ética o no, les dan el debido seguimiento a este accionar.

Sin embargo, en nuestros países y por la falta de una adecuada conciencia y educación en la materia, cualquiera “se mete a político”, por aquello de que es mediante el ejercicio de esta que al individuo se les resuelven “todos sus problemas”.

La otra cara de esta triste realidad que muchos llevan a cabo, es la doble moral, practicada sin la más mínima Educación Política Emocional; en donde se toman decisiones hasta chocantes con los principios éticos que rigen la citada ciencia, solo por el hecho, de que tal o cual actuación conviene más a la causa política-partidaria o personal, que al grueso de la población que los eligió mediante el constitucional ejercicio de la democracia.

Continuará……..

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