Opinión

Cuaresma: Tiempo de volver a Dios

Luis Alberto De León Alcántara

Nos pasamos la vida regresando a esos lugares y ambientes que nos hacen ser nosotros mismos. Lo hacemos porque nos devuelven la paz, provocan armonía y sobre todo, hacen que recuperemos las energías perdidas por la rutina de la misma existencia.

Esto sucede no solo porque buscamos llenar nuestro interior con momentos y espacios con un sentido especial para nosotros, sino porque somos seres creados por Dios y a él pertenecemos. Ya lo dice la expresión conocida de san Agustín, en su libro “Las confesiones” cuando expresa: “nos hiciste Señor para ti, y nuestra alma estará inquieta hasta que regresa a ti”.

Justamente eso es la Cuaresma: un volver adonde pertenecemos, que es al mismo Dios. Un reconocer que nunca el reloj nos dirá que es tarde para reencontrarnos con el Maestro, con el Hijo de Dios hecho hombre por la humanidad. Por eso, este tiempo siempre es preciso para hacer nuestra las letras de aquella canción que repite, “me levanté e iré donde mi padre, le diré que he pecado”. Es decir, me presentaré ante Dios tal y como soy, sin miedo ni pena, para reactivar su amor y su cercanía en mi corazón.

Volver a Dios es el gran signo de humildad que es capaz de mostrar el ser humano cuando se da cuenta que no puede vivir sin el apoyo celestial. Que se hace difícil por no decir imposible avanzar en este mundo sin contar con su presencia, que no se puede prescindir del Creador, porque sería como si quisiéramos nacer sin una mujer, correr sin piernas, nadar sin brazos, soñar sin voluntad. En fin, Dios tiene que está presente en nuestros planes y proyectos, porque solamente Él nos conoce a profundidad y saber lo que necesitamos para ser felices y realizados.

Pero volver también implica valentía, cambio de mentalidad, reconocimiento de los propios errores y la confianza de levantarse para darse cuenta dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Puesto que, como dice la expresión gastada, “somos arquitectos de nuestro propio destino”. Está en nuestras manos convertirnos en una luz o una oscuridad, en símbolo de esperanza o espejo de fracaso, en vivir perdidos sin deseo de encontrarnos o tomar la decisión de salir en búsqueda de Jesús. Únicamente si volvemos a Dios, nos daremos cuenta que nuestra vida no es estática, que podemos avanzar y lograr cosas que jamás imaginamos.

En definitiva, así como sacamos tiempo para revisar las redes sociales, ver cómo van nuestras finanzas, saber los números que salieron en la loto o en la Lotería Nacional, investigar los resultados de nuestro equipo de pelota o de baloncesto, de igual modo también debe existir un interés mayúsculo en hacer un inventario de la propia vida. Tiene que haber un amor por nuestro interior, para luego dar gracias a Dios por lo que está bien y hacer un esfuerzo para mejorar aquellas áreas que todavía necesitan tiempo y reflexión para ser maduradas y transformadas por las manos de Dios.

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