Opinión

Cúcuta: Canto y miseria

Por: Rafael A. Escotto

«El tiempo no cuenta para los que viven en la miseria. La gente simple no tiene poder sobre la hora«. Augusto Roa Basto.

La miseria en Cúcuta se toma para hacer de ella un concierto al  hambre. Así es, como usted lo oye: al hambre. Alejandro Sanz cantará en Cúcuta. Mientras tanto, los cucuteños cantaran en coro: Y yo no tengo nada. Si me das vuelta a los bolsillos, yo no tengo nada.

A lo mejor cuando el concierto llegue a Cúcuta la sonrisa estará de luto. Vendrán tantas gentes o serán traídas en limosinas, en aviones o en helicópteros y los cucuteños dirán: ¡Aquí falleció la historia! Quiero ahorcarme por el nudo en mi garganta, pero no sé por qué siempre se desata.

Cuando camino por mi barrio con los brazos abiertos implorantes por hallar un cariño, una sola amistad y de pronto me sorprende tanta gente cantándole a la miseria, al hambre y yo le grito a Juan Luis Guerra o a Miguel Bosé:  Tú que me diste, tan solo mentiras, cansancio, miserias.

Miseria que llevo en la vida, hace mucho tiempo. Como una tragedia escondida, en mi sufrimiento. Y llega  a Cúcuta un extraño concierto, los músicos, cantantes famosos y también llegan los políticos utilizando mi tierra y mi frontera para echar leña al fuego.

Después del concierto Cúcuta se quedará seca dirigiéndole una mirada lánguida al deseo de comer; se quedara lánguida. Ni una cuarta de café lloverá,

La suerte es que los Rolling Stones no vendrán al concierto de la abundancia  de Cúcuta y no habrá lluvia ni esperanza de que llueva café. Los cucuteños volverán a oír en sus radios portátiles después del concierto aquella canción que han escuchado siempre: Miseria, que llevo en la vida, hace mucho tiempo, como una tragedia escondida en mi sufrimiento y que nos llena de espanto de este lado de la frontera del odio y de llanto.

 

De los cantantes que van a Cúcuta en una misión política que nada tiene que ver con el alma del canto, ninguno ama a Cúcuta, mucho menos a la parte del pueblo que es Colombia.

 

Ah, ah es verdad ¿do you understand? Do you, do you?  En Cúcuta las habichuelas no les llegan al pueblo, ni el café  de Don Juan Valdez ni el de Juan Luis Guerra llueve, vive solo en sus recuerdos, como un simple aguacero. El pueblo de Cúcuta vive sin saberlo. Allí se come lo que sobra o lo que aparece. Del otro lado de Cúcuta hay miseria inducida, como dijo Dostoyevski, en su magnífica obra «Crimen y Castigo« ¡Miseria humana! A todo se acostumbra uno«.

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