Editorial

¡Cuidado, mucho cuidado!

En estos días se han levantado algunas voces sugiriendo llevar a hoteles establecidos en polos turísticos a los afectados de covid-19 que necesitan ser aislados. Hablan de cuán apropiados son estos establecimientos para ubicar a los pacientes por habitaciones y citan que hay casos de hoteles que cuentan hasta con 300 y 400 habitaciones. Asumamos que estas voces están preñadas de buena fe y que desean aportar ideas para encontrar soluciones a una pandemia que lleva una tendencia alcista que nos preocupa a todos. Pero advirtamos que debemos tener cuidado, mucho cuidado, con las sugerencias que hacemos para buscar salidas. El turismo es la verdadera mina de oro de la República Dominicana, una mina que apenas empieza a ser explotada. Como se ha dicho en muchas ocasiones y sin exageración, cada metro del territorio nacional contiene un atractivo turístico. Somos un país hermoso, con un clima y microclimas envidiables, con playas que impresionan y arroban al visitante; ríos, montañas, frutas variadas de un dulce tropical y, como todos reconocen, hombres y mujeres amables y de amplias sonrisas. Los dominicanos hemos sabido salir victoriosos en la gestión y explotación de la industria turística, cada vez ganamos más terrenos y nos ganamos las mejores de las opiniones. Nuestra infraestructura hotelera es de las mejores de América Latina y el Caribe. Nuestros polos turísticos son, además, las principales fuentes de trabajo para miles de hombres y mujeres, y mercados seguros de consumo para productos originados en nuestra industria, nuestra agropecuaria y nuestro comercio. No podemos, pues, jugar con esta mina de oro. No podemos venir con inventos que marchiten nuestra reputación en el exterior. Llevar pacientes de coronavirus a hoteles establecidos en polos turísticos sería hacerle un daño a la industria turística y al país. Esa sería una mala marca imborrable. No podemos permitir que en ninguna parte se diga que en tal o cual polo turístico de la República Dominicana se llevaban los enfermos de un mal tan contagioso como el covid-19. Plantear públicamente esta posibilidad es, ya, un tremendismo. Tenemos que andar con pie firme para no lesionar nuestros patrimonios.

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