Opinión

Danilo Medina crea un hombre y una mujer nueva

Por, Rafael a. Escotto 

Cuando el presidente Danilo Medina llega al poder en 2012 se encontró con un sector agrícola abatido por la falta de apoyo del estado, El Banco Agrícola había renunciado a otorgarle financiamiento al mediano y pequeño productor agropecuario. Ante esta situación de desatención y de renuncia de darle asistencia técnica al sector agropecuario, se produjo una migración del campo a la zona urbana fruto de la desilusión.

Otro sector golpeado por la negligencia estatal fue la educación. Los maestros del sector publico se convirtieron en la cenicienta y no había día de la semana o del mes que  no se anunciara una huelga de maestros por mayores salarios y por mejorías física de los planteles escolares que presentaban un grado de  destrucción y otra parte de las edificaciones presentaban un estado de obsolescencia que ponían en peligro la vida de estudiantes y profesores.

Además de esto, los alumnos estaban recibiendo clases debajo de árboles y sentados en  blocks o en rústicos y destartalados bancos de madera y los maestros daban clases sin pizarrones. Ese cuadro sombrío en que el presidente Medina halló el sector educativo nacional cambió o ha ido cambiando con la fuerte inyección de recursos financieros recibido por el sector de la educación pública.

Con la aplicación puntual del 4 por ciento, la educación en el país dejó de ser una preocupación, tanto para maestros como estudiantes, pues el presidente Medina inició un proceso de construcción de nuevas escuelas  en toda la geografía del país y la remodelación de las ya existentes. Concomitantemente, puso en marcha un proceso de aumento salarial y de capacitación del maestro que ha ido dando sus resultados positivos.

Hoy día, el maestro dominicano ha pasado de ser la cinderela de aquel popular cuento de hadas, que favorecía la realización del deseo de ir al baile con las palomas y el árbol y cuyas palabras mágicas la ayuda en la transformación de su realidad social y económica.

Por otro lado, el jefe de estado recorrió personalmente palmo a palmo los campos dominicanos para conocer de primera mano el estado de deterioro que había caído el sector agropecuario nacional, más bien por falta de interés del  Gobierno anterior presidido por el expresidente Leonel Fernández Reyna, que por otro causa.

Con esta opinión, no es mi deseo tratar de afectar políticamente las aspiraciones del exgobernante ni de apoyar la reelección del actual mandatario Danilo Medina, sino llamar las cosas por su verdadero nombre.

El estado de intranquilidad y de angustia que vivieron estos dos importante sectores, el primero,  con las «visitas sorpresas« y el segundo con el 4 porciento, generaron nuevas esperanzas y, al mismo tiempo, un cambio de vida de lo negativo a lo positivo, posibilitando un hombre y una mujer nueva, con una expectativa de bienestar superior.

Todos esos estados de felicidad y de suerte socioeconómica eran entendibles en principio por agricultores y por maestros, sin embargo, en la medida que estos sectores se fueron aburguesando y sus viejas reclamaciones pasadas por mejores niveles de vida fueron disipándose con la asistencia del Estado, fueron dejando atrás el tono de aquel discurso incendiario contra por conquistas sociales y económicas.

Es Danilo Medina quien asume tomar el toro por los cuernos, sin miedo, como el mejor lidiador e inicia prontamente un sistema de  financiamiento y fortalecimiento rápido del sector productivo nacional el cual se corresponde con la justicia distributiva de Aristóteles, incorporando a miles de productores agropecuarios a la producción, proveyéndoles, al mismo tiempo, equipos, tales como tractores, que irían a mecanizar la producción agrícola nacional.

En esas medidas la «visitas sorpresas«, a pesar de las críticas de sectores políticos de oposición, fueron ayudando a crear un productor agrícola nuevo y unos maestros también nuevos, que iban a fortalecer las capas media y media alta de nuestra sociedad.

Una vez estos grupos logran salir, con la ayuda del Estado, de su anquilosamiento social y económico y pasan a respirar un estilo de vida más holgado, van adquiriendo expresiones y hábitos similares al estilo capitalista. Significa esto una renuncia de viejas prácticas sociales de vida e inclusive, se van distanciando de aquella ayuda originaria y, por tanto, del gobernante, como Danilo Medina, que le facilitó el cambio de vida. Vamos a dejarnos de historia. Esa es la verdad monda y lironda.

Es posible que este nuevo productor agrícola y este profesor con mejores salarios, ya no se sienta comprometido con el sistema político que contribuyó a su nueva imagen burguesa y prefiera, en cambio, asociarse con aquellos grupos sociales y económicos altos con los cuales aspiraba identificarse.

Este hombre y mujer nueva adquiere vehículos, mejora sus viviendas, va a vacacionar junto con su familia a hoteles en la costa norte, abarrotas los supermercados de las grandes ciudades, es decir, el presidente Medina ha provocado una transformación social verdadera en aquel pequeño productor agrícola y en aquel maestro.

 Este nuevo burgués hecho por un estado y un  gobierno progresista, ya dejó de  comprar  o coger fiaos en el comercio o pulpería  del barrio y sus hijos van ahora a escuelas o colegios privados en las ciudades de la periferia, por considerar que su estado social y económico ha cambiado, inclusive su preferencia política posiblemente sean diferentes.

Ahora bien, frente a ese bienestar, uno se preguntaría: ¿Podrían esas felicidades sociales y económicas en los sectores estudiados en este trabajo, responder a una reelección del presidente Danilo Medina sintiéndose burgués?

¿Ha creado Danilo Medina, a sabiendas o aun sin darse cuenta, un prototipo de hombre que ve a la llamada aristocracia como sujeto principal de los ideales de comportamiento, similar a aquel prototipo de hombre hispano creado por los escritores y eclesiásticos Baltasar Gracián y Antonio de Guevara, en la España de los siglos XVI y XVII?

Mientras la marcha positiva de las «visitas sorpresas« y el 4 por ciento al sistema educativo iban construyendo ese hombres y mujer aburguesado,  con modelo de vida diferente, no se fueron creando al mismo tiempo modelos de conducta para enseñar a este hombre nuevo la manera de comportarse en su nueva vida para que no se dejara confundir del discurso de corte aristocráticos de la oposición al cual Nietzsche llamó «el discurso imposible«.

Finalmente, debo recordarle a ms lectores, que en caso de que  el presidente Medina se decida por la reelección, y con ella continuar su proceso de transformación democrática y socioeconómica de la sociedad dominicana, a quien debe temerle es a ese hombre del campo o de la ciudad que al convertirse en propietario  ha logrado tantas satisfacciones en este gobierno que ya parece no tener necesidades ni religión y, que por tanto, desprecia a quien le tendió su mano amiga cuando más la necesitó.

Este nuevo hombre y mujer dominicana lanzado a la  alfombra roja del éxito por el presidente Danilo Medina, es capaz de votar en contra de la reelección. Sin embargo, el presidente sigue haciendo su trabajo de impulsar el desarrollo en el campo y en las escuelas, lo cual es un deber constitucional y moral que el presidente ha estado cumpliendo, con reelección y sin reelección.

Me atrevo a recordarle y dejarle  al presidente con aquella frase del poeta español Antonio Machado: «En el análisis psicológico de las grandes traiciones encontraréis siempre la mentecatez de Judas Iscariote«. Pero le recuerdo al mandatario que en esta historia, contrario a Judas está un Matías, según el evangelio de Lucas.

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