Opinión

De la corrupción al bienestar: los 2,000 millones de pesos que deben transformar el deporte dominicano


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


La presentación del informe rendido por la Comisión de Veeduría sobre la inversión de los RD$2,000 millones destinados al Ministerio de Deportes y Recreación, provenientes de recursos recuperados de casos de corrupción de administraciones anteriores, representa un acontecimiento que merece ser analizado más allá de las cifras y los anuncios oficiales. Estamos ante una oportunidad para convertir una de las prácticas más perjudiciales para la sociedad, como es el saqueo de los recursos públicos, en una herramienta de desarrollo, inclusión social y esperanza para miles de dominicanos.

El informe presentado el 8 de octubre de 2026, en una actividad encabezada por el presidente Luis Abinader, puso de relieve el destino de estos fondos en la construcción, reconstrucción y rehabilitación de instalaciones deportivas en diferentes comunidades del país. De acuerdo con las informaciones oficiales, el programa comprende 40 intervenciones en 15 provincias, con una inversión que supera los RD$2,000 millones. La Comisión de Veeduría también informó sobre ahorros de RD$125 millones obtenidos durante los procesos de licitación. Estos datos constituyen elementos importantes para evaluar la gestión de los recursos recuperados. (Presidencia de la República y Noticias SIN, 8 de octubre de 2026).

El dinero robado debe regresar al pueblo

La corrupción no es solamente un delito económico. Es también una agresión contra los derechos de la ciudadanía, porque cada peso sustraído del patrimonio público representa una oportunidad perdida para construir una escuela, reparar un hospital, mejorar una carretera o levantar una instalación deportiva.

Cuando los recursos del Estado terminan en manos particulares mediante prácticas ilícitas, las consecuencias las paga la población, especialmente los sectores más vulnerables. Por eso, recuperar ese dinero y destinarlo a obras de beneficio colectivo constituye una decisión que merece reconocimiento, siempre que se realice dentro de la legalidad y con absoluta transparencia.

En ese sentido, la asignación de los RD$2,000 millones al Ministerio de Deportes tiene un significado que trasciende la construcción de infraestructuras. Envía un mensaje importante: los recursos que fueron sustraídos o desviados del interés público deben volver a cumplir una función social.

Sin embargo, la recuperación del dinero no puede considerarse el final del proceso. Es apenas una parte de la responsabilidad del Estado. La verdadera reparación se produce cuando esos recursos se convierten en obras terminadas, servicios de calidad y oportunidades concretas para la población.

La importancia de invertir en el deporte

Durante décadas, numerosas comunidades dominicanas han reclamado instalaciones deportivas adecuadas. En muchos municipios, los jóvenes practican baloncesto, voleibol, béisbol y otras disciplinas en espacios deteriorados, sin condiciones apropiadas para entrenar y competir.

Esta realidad demuestra que invertir en el deporte no constituye un gasto superfluo, sino una inversión social de gran alcance.

Una cancha techada, un estadio rehabilitado o un complejo deportivo moderno pueden convertirse en espacios de formación, disciplina y convivencia. Allí los niños aprenden a respetar reglas, los adolescentes desarrollan sus capacidades y los jóvenes encuentran oportunidades para descubrir sus talentos.

El deporte también contribuye a fortalecer la salud física y mental, promover la integración comunitaria y ofrecer alternativas positivas frente a los riesgos de la delincuencia, las adicciones y la exclusión social.

Por eso, resulta significativo que los recursos recuperados se destinen a atender necesidades históricas de infraestructura deportiva. Según los datos divulgados por el Gobierno, el programa contempla instalaciones en provincias como La Vega, San Pedro de Macorís y San Juan, además de obras en otras localidades.

La prioridad debe ser que estas inversiones lleguen efectivamente a las comunidades que más las necesitan y que su distribución responda a criterios técnicos, sociales y territoriales, sin privilegios políticos ni discriminación geográfica.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba