Opinión

De la ilusión a la imaginación

José Mármol

De la farsa a la tragedia, alude Karl Marx, tiene lugar la repetición azarosa de la historia. Un incesante volver a comenzar, dijo Tucídides que ha de ser la historia misma.

Y para Cervantes, entre otros asuntos, la historia se resuelve en advertencia sin más sobre lo porvenir.

Para Peter Handke (Austria, 1942), que la deja deslizarse en definiciones espontáneas al ritmo de unos días de diálogo con Peter Hamm (Múnich, 1937), en torno a sus obras publicadas hasta 2002, la historia es una urdimbre de males que se suceden.

Contrario a Hegel, que concebía la historia como el espacio donde tiene lugar el movimiento de la razón; ese en el que todo lo real es racional y todo lo racional es real; allí, donde la idea, en tanto que absoluto, se transmuta en naturaleza y espíritu, en viaje hacia la claridad, el escritor y pensador considera, en cambio, que la historia es una marranada y jamás un objeto de la filosofía.

Aun así, subraya que no puede achacarse al fracaso de la historia, todo lo que, como farsa o tragedia, estremece el presente.

Hamm advierte, eso sí, que el rechazo de la historia en Handke no debe ser confundido con débil ceguera frente a ella, dado que, de un modo permanente y torturador, la escritura en el autor de “Ensayo sobre el cansancio” (1989), “Ensayo sobre el yukebox” (1990), “Ensayo sobre el lugar silencioso” (2012) y “Ensayo sobre el loco de las setas” (2013), entre otras obras de ficción, ensayo crítico, poesía y guiones cinematográficos, se concibe como contra-historia, es decir, como una historia de cuya espiral resulta un mundo mejor.

En tanto que experiencia de dolor, no puede ser la historia la que represente el amor que Handke siente por el mundo y el tiempo que les ha tocado vivir. Más que el momento hegeliano en que la idea toma conciencia de sí misma, la historia es un viacrucis que en la modernidad pasa por los campos nazis de concentración y exterminio, la guerra civil española o la lacerante guerra de Bosnia y la descomposición de la antigua Yugoslavia.

En el libro “Vivan las ilusiones. Conversaciones en Chaville y en otros lugares” (Pre-Textos, 2011), que recoge los tres diálogos del 25 al 27 de abril y el del 26 de junio de 2002, con los que Hamm pretendió penetrar los entresijos de la palabra y el pensamiento en torno al mundo de Handke, para dar con la película biográfica “El jugador melancólico”, se revela mucho más, especialmente, la visión del propio escritor sobre el proceso creativo y su concepción profunda acerca de la relevancia de la lengua en el arte de escribir.

Amar la lengua, desde la escritura, implica dominarla, plancharlo todo con ella y desde ella hacer la guerra a la existencia misma. El auténtico escritor verá el mundo a través de la lengua.

La literatura no solo deberá entretener o ilusionar, sino que, fundamentalmente, deberá iluminar la conciencia y el espíritu del lector. Pero, ¿qué es escribir?, para un autor de una obra tan vasta y a la vez tan singular como la de Handke. “Dejar que aquello se otorgue es probablemente la expresión que más acierta con el ponerse-a-escribir o con el estar escribiendo.

Lo que normalmente, en relación con un libro, se denomina ´construcción´, o lo que se ha pensado antes, o lo modelado, premodelado, muchas veces desaparece en el trabajo, de escribir, en el trabajo con el libro” (p.51).

El futuro está, para este autor, en manos del pensamiento poético. Y con Teresa de Jesús consiente: “Dejar es quizás más bello que hacer”. Advertencia.

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