Editorial

Debate de pocos frutos

Discordias que parten de subjetividades, rencores y desconcertantes sobreestimaciones de egos son hoy el perfil mayor en un enfrentamiento sectario con miras a los comicios del próximo año. Los polos fuertes y de raíz común de una carrera por el poder están enredados en su consabida y añeja rivalidad. Toda una historia sobre estar o no estar en el poder sin sólida elocuencia sobre lo que debe hacerse con el podercodiciado. Poca información sobre viables planes de gobierno en sus peroratas sobre episodios de una confrontación de abundantes reproches. Se preferiría que las disparidades fueran más propias de estadistas, y no tan pasionales como para eludir recíprocamente llamarse por sus nombres; mientras el país se ocupa de condenar el uso de recursos del Estado en la pasada competencia y reclama una auditoría atinente al cómputo final.

El panorama ensombrece tras asumir la voz cantante del bando oficialista, aquel que parecía ceder la primacía a un relevo de modesto y cauto verbo. En reciente pronunciamiento, el Presidente, que concluiría mandato en el 2020, dejó claro que en las próximas elecciones el triunfo sería suyo sin que pareciera necesario que su rostro figure en la boleta. Algunos dominicanos pasarán a recordar a “Su Excelencia” don Mozo Peynado, aquel presidente gomígrafo de tiempos idos que se caracterizaba por una fiel obediencia a quien, de dedo y tras bastidores, lo llevó al solio.

Ilegalidades que logran sobrevivir

A pesar del alto average de la lucha contra los cigarrillos y bebidas alcohólicas de presencia ilegal en comercios, que se manifiesta con repetidas operaciones de incautación, el tráfico de tales mercancías muestra una tenacidad asombrosa como si solo se estuviera logrando llegar a sus ramas; no a sus raíces o como si el negocio del penetrar a los canales formales de comercialización conserve excelente rentabilidad a pesar de las confiscaciones. Una serpiente que solo moriría si le cortan la cabeza.

Preocupa entonces la posibilidad de que flujos importantes de la mercadería ilícita sigan llegando a consumidores por muchos sitios del país, todo en perjuicio de industrias locales, formales y pagadoras de impuestos, sometidas a una competencia desleal que debería, al menos, ser llevada a una mínima expresión dando en la diana.

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