Editorial

Democracia USA

El tercer juicio político a un presidente en la historia de Estados Unidos se inició ayer con la lectura de la acusación presentada por fiscales de la Cámara de Representantes contra Donald Trump en el Senado, cuyos cien integrantes encargados de juzgarlo hicieron juramento ante el presidente de la Corte Suprema.

Trump ha sido imputado de abuso de poder y obstrucción a la justicia por retener ayuda militar a Ucrania y prometer una audiencia en la Casa Blanca al presidente de ese país a cambio de que ordenara una investigación sobre el rival demócrata Joe Biden.

Aunque resulta altamente improbable que el Presidente sea destituido como resultado de ese juicio político, en razón de que el Partido Republicano ostenta la mayoría en el Senado (53-47), el proceso en su contra pone en evidencia la fortaleza de la democracia y el equilibrio entre los poderes públicos de esa nación.

La Cámara de Representantes, controlada por el Partido Demócrata, aprobó el “impeachment” contra Trump a quien acusa también de obstrucción del Congreso porque el mandatario prohibió a sus asesores testificar o proporcionar documentos.

El juicio político, presidido por el magistrado John Robert, podría impactar en los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre, aunque el jefe de la mayoría republicana, Mitch McDonnell, adelantó que sería rápido, sin la presencia de testigos, y con la absolución de Trump.

Llama la atención que la bancada demócrata haya promovido ese “impeachment” consciente de las escasas probabilidades de que el Senado republicano destituya al Presidente, pero se resalta que esa iniciativa ha puesto en tensión a todo el aparato político e institucional de Estados Unidos.
La clase política dominicana debería reservar asientos en primera fila para seguir de cerca esa singular experiencia que sólo puede producirse en una auténtica democracia en la cual el Congreso y el Poder Judicial pueden procesar al presidente de la nación si consideran que ha extraviado su deber o violado la ley.

El juicio político contra Trump coincide con uno de los periodos de mayor crecimiento y expansión de la economía estadounidense, matizado por pleno empleo y elevado índice de consumo y expansión de la manufactura, pero aun así, los resortes de la democracia se activan cuando cualquier funcionario violenta el orden jurídico

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