Editorial

Desafío de la JCE

República Dominicana penetra en una fase determinante, previo a las elecciones municipales pautadas para el 15 de este mes de marzo y los miembros de la Junta Central Electoral (JCE) tienen un gran desafío: garantizar comicios transparentes, confiables y democráticos para superar el trauma dejado por la suspensión del sufragio el pasado 16 de febrero.

Tras el aplazamiento de las votaciones hubo reacciones y protestas contra la disposición del Pleno de la JCE, que se reflejaron en movilizaciones, piquetes, marchas, cacerolazos y la concentración en el “Trabucazo 2020” en la Plaza de la Bandera, como muestras de enojo e indignación.

Ante la dramática realidad que ha generado una crisis electoral y la rebeldía social de jóvenes de la clase media que ha concitado un sólido respaldo de múltiples sectores de la sociedad como artistas, empresarios, comunicadores y políticos, los árbitros electorales deben encarar con responsabilidad el reto de organizar unas elecciones creíbles, porque es la manera de evitar que el país entre en un desorden institucional.

También es una tarea apremiante de las autoridades electorales avalar el ejercicio del derecho al voto de los ciudadanos y propiciar el respeto a la voluntad popular, por la salud de la debilitada democracia dominicana.

En adición a esto se debe ofrecer un informe veraz sobre los factores reales que ocasionaron la suspensión de los comicios el 16 de febrero, ya que la población tiene derecho a saber toda la verdad sobre ese bochornoso descalabro electoral.

Asimismo, es preciso identificar a los culpables de la situación y aplicarle todo el peso de la ley, en vista de que debe  haber régimen de consecuencias porque eso tranquilizará a los electores que están frustrados y de ese modo se motivarán a votar otra vez.

Representantes de la Sociedad Civil y de los organismos internacionales que supervisarán las elecciones que se efectuarán el 15 de este mes, deben cumplir con una misión que salvaguarde las urnas y al final de la jornada dar fe de la limpieza de la elección de los alcaldes, regidores, directores y vocales de los municipios y distritos municipales.

Organizar y cuidar los próximos comicios es una competencia de la JCE, porque de la pulcritud de sus resultados dependerán las elecciones presidenciales y congresuales que se celebrarán en mayo de este 2020.

Cualquier sospecha de fraude o fallo  degenerará en conflictos que sumergirán al país en un caos y podrían registrarse acontecimientos de incalculables consecuencias; sin embargo, hay que confiar en que las elecciones estarán sustentadas en la Constitución y las leyes; ese es del deber de los miembros de la Junta Central Electoral.

De igual modo los actores políticos, el Gobierno y la Sociedad Civil deben cooperar con los procedimientos que garanticen elecciones confiables, debido a que es la obligación de todos por la preservación de la democracia.

Hay que evitar el colapso electoral, porque cualquier otro revés pondría en peligro la institucionalidad y de paso la democracia entraría en riesgo y se provocaría una inestabilidad que causaría efectos demoledores en la economía, la producción e institucionalidad.

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