Editorial

Desarrollo y medio ambiente

En los grupos de funcionarios que gobiernan y toman decisiones sobre las iniciativas de proyectos de inversión, por lo regular se desarrolla una mentalidad que favorece la aprobación de esos proyectos de inversión aunque los mismos violenten los límites legales que establece el marco jurídico establecido para proteger el medio ambiente.

Esa mentalidad se convierte en una ideología que desprecia las restricciones legales medioambientales, considerándolas limitaciones que obstaculizan el dinamismo y crecimiento de la economía. Esa orientación es una clara manifestación del espíritu que define al llamado “capitalismo salvaje”, el cual movido por el afán de lucro y de maximización de la apropiación de ganancias, lleva a considerar los límites medioambientales como un absurdo que atrasa a los pueblos.

Bajo esa mentalidad todo proyecto de inversión que genere empleos y divisas está por encima de la protección “irracional” de los recursos naturales y del medio ambiente. Ese espíritu lo vemos en los incendios de la amazonia, pero también lo hemos visto en el caso dominicano con una serie de proyectos que han merecido el repudio de los dominicanos que se orientan por un concepto del desarrollo sustentable, tal como lo han definido y adoptado las propias Naciones Unidas a través del PNUD.

Los ambientalistas, para ese “espíritu salvaje” del capitalismo, son agentes del atraso, al no facilitar la implementación de proyectos, aunque los mismos devoren los recursos naturales y el medio ambiente donde tiene lugar la misma vida humana. Destruir las bases de sustentación donde se da la vida, constituye un acto de  irracionalidad inherente al espíritu del capitalismo, por eso se ha calificado de “capitalismo salvaje” y por eso hay que regularlo y limitarlo, para humanizarlo de acuerdo a los requerimientos del medio ambiente y de una economía que evite los excesos de la concentración de la riqueza y la desigualdad social que fomentan la pobreza y la destrucción de la vida.

Esas son las dos grandes limitaciones que provoca el crecimiento económico, justificado y animado por ese espíritu salvaje de la economía capitalista sin regulación. Esas consecuencias nocivas se ven claramente en el proyecto que se iniciara en los terrenos de la zona protegida del Parque Nacional de Cotubanamá en el Este del país y el cual amenaza con la destrucción de esa zona que fuera protegida por la Ley desde el 1998, según lo certificara el exministro de Medio Ambiente, Omar Ramírez.

La permisología que habría otorgado el actual Ministro de Medio Ambiente, en consecuencia, constituye no solo una violación a la Ley que protege ese Parque, sino una clara evidencia de un funcionario que obedece ciegamente al espíritu del “capitalismo salvaje”.

En el Este hay todavía muchas áreas donde se inician con frecuencia nuevos proyectos hoteleros. Las autoridades deben estimular esas iniciativas de inversión en esas zonas donde no se agrede al medio ambiente. Y es esa la forma de armonizar la ejecución de proyectos hoteleros con la protección de las áreas protegidas de esa bella zona del Este.

La decisión del Presidente de suspender ese atentado al Parque del Este, debe ser seguida de su prohibición.

¡Dejemos de ser irracionales!

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