Editorial

Desbaratando prevenciones

El irrespeto a las medidas contra el contagio de virus es agresión al prójimo. El no cuidarse va en sus terribles efectos más allá de los temerarios insolentes. El ascenso de los casos positivos es resultado de comportamientos antisociales.

La gente que va por allí sin mascarillas; la que concurre a aglomeraciones imprudentes o se aprovecha en barrios populares de la falta de vigilancia policial para actuar de su cuenta en bebentinas y jolgorios callejeros o bajo techo en toque de queda conspira contra la salud colectiva y están propiciando, injustamente perjuicios a quienes respetan la prevención, el endurecimiento de las restricciones para frenar la transmisión del SARS-CoV-2.

La proyección favorable, tranquilizadora por índices a la baja en positividad y hospitalización, recibe agresiones por una falta de civismo difícil de controlar sin manos duras.

Preocupa que no sea inminente que República Dominicana inicie una amplia vacunación contra la enfermedad como ya ocurre en Estados Unidos, México, Reino Unido y Rusia entre otros países. Los comportamientos irresponsables de un segmento social motivarían un rebrote que podría costar mucho más vidas, hacer colapsar el sistema hospitalario y atrasar la normalización de la economía.

Se pasaría de un manejo aceptable de la pandemia a aparecer en la lista negra del turismo que tanto se necesita, alejando considerablemente la enseñanza presencial.

Imponiéndose por la fuerza

Manifestantes que apedrearon un autobús lleno de turistas estadounidenses en Puerto Plata y otros actos del mismo estilo en distantes zonas hoteleras han estado brutalmente en contra de las operaciones de transporte brindadas a visitantes que no sean las que ellos prestan como amos y señores de este país.

Sindicatos en pie de violencia contra la libre empresa y el derecho a transitar por las rutas del territorio nacional que pretenden dominar con insólita exclusividad.

Haciéndoles el juego, en implícito respaldo, autoridades están prohibiendo a nivel nacional a otros sistemas de taxis legalmente establecidos acercarse siquiera a las terminales, ahora vedadas a compañías creadoras de empleos que trajeron versatilidad y una nueva forma de tratar con modernidad y tarifas inviolables a usuarios, nacionales y extranjeros. Peligra la imagen nacional.

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