Editorial

Despistados

EFE/ Orlando Barría/Archivo Ómicron, con su surgimiento rápido y la velocidad de su contagio, despista. Despista a todos, incluyendo a los gobernantes, como se ha visto en Francia donde logró sacar de sus estribos al presidente de la República.

¿Qué medidas tomar? ¿Parar un país por una variante que presenta síntomas que no parecen más graves que los provocados por una gripe? ¿Laissez-fairepara lograr la famosa inmunidad de rebaño? ¿Poner una cuarta dosis de vacuna?  

Es difícil dejar la ciudadanía a su libre albedrío frente a esta nueva embestida del virus. Se oye de todo y observamos una gran variedad de comportamientos. Estos van desde los que tienen dos años recluidos, los que se están recluyendo de nuevo, los que nunca se recluyeron de verdad, los que nunca usan las mascarillas correctamente, hasta los que asisten a una y otra reunión sin tomar las mayores precauciones.

Cada persona cuenta la historia según su credo, sus intereses y su capacidad analítica mientras van surgiendo nuevas variantes del virus que no tardarán a llegar y cambiar el panorama. 

Mientras tanto, los laboratorios de análisis y compañías farmacéuticas se siguen forrando de dinero y los ciudadanos de a pie, que representan en nuestro país la gran mayoría, conviven con sus supuestos estados gripales. 

Contagian de buena fe a todos con los que se encuentran en su entorno. Su poder adquisitivo no les permite averiguar mucho y usan remedios caseros para curar sus congestiones. El costo de las PCR para la mayoría de las familias es un gasto que no puede ser cubierto.

“Mi mami se hizo la PCR para irse a NY y le dio positivo y como teníamos resfriados desde el 31, tuvimos que hacerla y dimos todos positivos”.

“A mí no me va a dar. Dios no lo va a permitir porque tengo dos vacunas. No puedo gastar en pruebas. No salí el 31, todos los vecinos estaban en el parqueo sin mascarillas”, dice una señora de Los Guaricanos, precavida cierto pero que debe utilizar guaguas repletas de gente todos los días.

¿Cómo no sentirse despistados por esta variante que quita fe en la lucha anti Covid, en el poder de las vacunas y refleja lo poco que sabemos todavía sobre esta enfermedad y su impacto a mediano y largo plazo sobre la salud pública? 

Lo que vemos es que algunas personas mayores tienen una tasa de vacunaciones poco alcanzada en su vida. En menos de un año han recibido dos Sinovac, una Pfizzer y la vacuna de la influenza, sin costo alguno a cargo del Estado, sin estar totalmente inmunizados frente a nuevas variantes y van hacia la cuarta dosis mientras otros se niegan a la inoculación.

Constatamos que la Covid le está dando dos y hasta tres veces a algunas personas, que deja secuelas cardiacas y neurológicas, que afecta a personas vacunadas, que les da hasta a bebés y que siete días después de detectada la enfermedad, las personas pueden resultar todavía positivas. 

Por todas estas razones, las decisiones de nuestras autoridades deben ser medidas y coherentes, para proteger tanto el servicio de salud en su conjunto como el servicio público y las grandes mayorías. 

No podemos hacer grandes apuestas sobre lograr la inmunidad de rebaño por medio de la contaminación, porque es difícil medir el impacto del virus sobre los organismos de los niños o de las personas con el sistema inmunológico debilitado.

En esta fase está claro que no se puede parar la economía, detener la educación y afectar el turismo. Sin embargo, las nuevas medidas no se entienden claramente y parecen un tanto arriesgadas a la vista de lo que sucede en otros países como los Estados Unidos, donde el virus hace colapsar los servicios públicos no tanto por su letalidad sino por la cantidad de enfermos que no pueden atender sus labores y afectan la economía.

En materia de educación, a pesar del dilema que representan nuevos atrasos en la formación de nuestros niños, niñas y adolescentes, la vuelta a las escuelas podría ser retrasada de una a dos semanas para todos.

El carácter voluntario del regreso a clase en las escuelas públicas fomenta una educación desigual. O todos se quedan en su casa o todos regresan a clase. Tampoco se entiende muy bien porqué los estudiantes universitarios seguirán el año con la virtualidad y porqué Salud Pública está solicitando la reactivación del teletrabajo. 

Por otro lado, nada garantiza que a los siete días de enfermedad una persona no sea todavía portadora del virus y no pueda contaminar sus compañeros, dar de alta es competencia de un médico. Si se aplica la resolución emitida sobre este tema al pie de la letra se deja una brecha abierta por la que se pueden colar muchos contratiempos.

Para protegernos un poco más sería bueno prohibir por un mes los teteos, las grandes aglomeraciones de personas, conciertos, prédicas, a la vez que obligar al uso y porte correcto de las mascarillas. 

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