Opinión

Dios lo sabe todo….

Fausto García

Seguimos en cuarentena.  Procure no dejar que su mente caiga en esa trampa…

“Siempre tengo algo por hacer, pues no tener nada que hacer, es algo por hacer¨. (Fausto García).

El mayor o mejor activo que tiene el ser humano, al margen de otras cualidades que lo puedan adornar desde distintos puntos de vistas, es la mente.  Al menos para mí. Lamentablemente sobre ella y en este lado del mundo, occidente, poco se nos habló o enseñó sobre ella, y vaya usted a ver en estas latitudes de países pobres, bañados por ignorancias ancestrales.  De paso, recuerdo ahora una expresión que dijo alguien, y es que “la ignorancia es la madre de todas las ciencias”.  Hace varios años advertí y descubrí la importancia de este activo intangible en lo tangible, como lo es la mente humana, de ahí que la cuido como a la niña de mis ojos, como dicen los viejos y procuré transferirles ese valor a mis hijos.

Uno de los beneficios que me ha dado valorar la importancia de esa hermosa niña, es aprender a disciplinarla, tanto o lo suficiente, como llegar a enseñarla a algo que cuando lo digo o sugiero, me dicen muchos, que no es posible. ¡La he enseñado a no pensar! De paso cuando le digo o sugiero a alguien que aprenda a no pensar, se asombra y me dice, pero eso no es posible.  Mi respuesta para convencerle es tan sencilla como recordarle que no le estoy diciendo nada nuevo, ya que en varias oportunidades hemos oído a los muchachos del barrio decirse entre ellos “oye mano, lo le dé mente”.  Ese no darle mente, es lo mismo, es justamente no pensar, es abandonar una idea, es soltarle la soga, es dejarla ir, es olvidarla, abandonarla, lo que usted quiera, pero, a fin de cuentas, borrar eso de su pizarra.  Sé que no es fácil, pero se logra.  Cuando usted logra esto, descubre cuantas amarguras y sufrimientos se evita, y, por ende, que su vida es más liviana, más llevadera, en fin, más feliz.

A nosotros no se nos enseñó a pensar, por tanto, no sabemos hacerlo, lo que se traduce en que cuando lo hacemos, mayormente pensamos mal. Anoche, le decía a una pariente, que organizara sus ideas para que pudiera pensar, pues es difícil pensar con las ideas desorganizadas en una especie de crucigrama o de laberinto.  En mi caso, otro de los beneficios que me ha dado mi fabulosa herramienta, es el orden, del cual soy un apasionado ortodoxo si se quiere. Él vive en mí y viene a mí a través de frases que organizan justamente las ideas y la vida.  Una de ellas es la que le repito a muchas gentes y que les invito a poner en práctica, como “La vida, sus cosas, y sus problemas son como una escalera”.  Dele entonces los escalones que usted quiera, pero no olvide que es una escalera, y esta se anda, camina o sube por escalones.  ¿Por tanto, si apenas está en el escalón uno, por qué preocuparse por el escalón 5, el cual no sabe incluso si llegara a poner un pie en él?  Es algo parecido al viejo dicho de nuestros campesinos “no hacer los cocos sin antes tener la vaca”. Creo que un buen, aunque lamentable ejemplo es el Covid-19. ¿Cuántos planes, programas, proyectos y eventos desmoronados? Una canción que a muchos nos puede servir de sombrero y parodiando las situaciones, es la de Emmanuel, titulada “Todo se derrumbó dentro de mí”

Como digo una cosa, digo la otra; y la otra es, que la luz que hay en mi mente se la debo y agradezco a Dios, y que El, es quien motiva la razón de mi existencia, tanto que justamente su palabra, la Biblia, de una forma u otra, me habla cada día, hasta llegar a entender y aceptar conclusiones tan claras y veraces, así como contundentes, de que solo DIOS LO SABE TODO, nadie más, solo EL, por consiguiente, de sabio es creer, confiar, y esperar en él, sin miedo y sin ansias insaciables, abandonarse en sus brazos, y decirle: Señor, Tú lo sabes todo, creo en ti, confío en ti, me abandono a ti, espero en ti, hágase en mi según tus palabras, según tus promesas. Y, para terminar, orar con el Salmo 139, que justamente nos dice parte de lo ya indicado:  

“Señor, tú me examinas y conoces, sabes si me siento o me levanto, tú conoces de lejos lo que pienso. Ya esté caminando o en la cama me escudriñas, eres testigo de todos mis pasos. Aún no está en mi lengua la palabra cuando ya tú, Señor, la conoces entera.

Me aprietas por detrás y por delante y colocas tu mano sobre mí. Me supera ese prodigio de saber, son alturas que no puedo alcanzar. ¿Adónde iré lejos de tu espíritu, adónde huiré lejos de tu rostro? Si escalo los cielos, tú allí estás, si me acuesto entre los muertos, allí también estás. Si le pido las alas a la Aurora para irme a la otra orilla del mar, también allá tu mano me conduce y me tiene tomado tu derecha. Si digo entonces: “¡Que me oculten, al menos, las tinieblas y la luz se haga noche sobre mí!” Mas para ti ni son oscuras las tinieblas y la noche es luminosa como el día. Pues eres tú quien formó mis riñones, quien me tejió en el seno de mi madre. Te doy gracias por tantas maravillas, admirables son tus obras y mi alma bien lo sabe. Mis huesos no te estaban ocultos cuando yo era formado en el secreto, o bordado en lo profundo de la tierra. Tus ojos veían todos mis días, todos ya estaban escritos en tu libro y contados antes que existiera uno de ellos. ¡Tus pensamientos, Dios, cuanto me superan, qué impresionante es su conjunto! ¿Pormenorizarlos? Son más que las arenas, nunca terminaré de estar contigo. ¡Ojalá, oh Dios, mataras al malvado y se alejaran de mí los sanguinarios, arman maquinaciones en tu contra y no toman en cuenta tus declaraciones! Señor, ¿no debo odiar a los que te odian y estar hastiado de los que te atacan? Con un odio perfecto yo los odio y para mí también son enemigos. Examíname, oh Dios, mira mi corazón, ponme a prueba y conoce mi inquietud; fíjate si es que voy por mal camino y condúceme por la antigua senda. (faustogarcia2003@yahoo.com).

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