Editorial

El discurso del Presidente

Ningún punto que pueda ser considerado luminoso de su obra de gobierno quedó fuera ayer de la comparecencia del presidente Danilo Medina que llevó el solemne acto de entrega de las memorias gubernamentales al nivel de una rendición de cuentas por sus casi ocho años de ejercicios ejecutivos. Su enumeración de realizaciones considerables fue, fundamentalmente, una exaltación que sobredimensionó ejecutorias. No dejó, sin embargo, de reconocer lo mucho que falta por hacer en muy diversos órdenes aunque hizo mención de retos fundamentales -aunque no de todos- que se presentan a la nación obligada a avanzar tecnológicamente a la velocidad de los tiempos para no quedar atrás. En el marco de los desafíos colocó las migraciones, siendo República Dominicana dramáticamente receptora y emisora a la vez de quienes buscan un mejor destino, éxodos combinados que generan desequilibrios sociales, económicos y culturales. Confirmando la apreciación presidencial de que debe avanzarse mucho más en favor de capas sociales, todavía la mayoría de los dominicanos externa en encuestas que preferiría trasladarse con sus esperanzas y deseos de trabajar a otros lugares del mundo.

El inventario ignoró las condiciones de vida de un amplio sector ciudadano que en función de mediciones cuestionables aparece engrosado a una clase media aún cuando predominan salarios mínimos y actividades de ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas. Debió mirar, para ser objetivo, hacia el sector de recursos humanos que vive en la informalidad y en precariedades laborales en contraste con una minoría en disfrute de empleos bien remunerados en ámbitos modernos de la economía. Habló de muchas escuelas y de programas favorables, pero dejó implícitamente en cuenta pendiente resolver la baja calidad docente; y al destacar el respaldo oficial a la educación superior y a la técnica, olvidó la extensa legión de jóvenes que todavía ni estudia ni trabaja.

Compartió apropiadamente preocupaciones con la sociedad por el fracaso electoral del 16 de febrero demandando que se conozca lo ocurrido escudriñando hasta el final. Fue un defensor de la continuidad del Estado haciendo votos para que el próximo 16 de agosto asciendan al poder candidatos libremente escogidos. Tan importante como preservar los aspectos favorables de su gestión, como vehementemente deseó, será también corregir inequidades y dispendios; depender menos del endeudamiento y perseguir la corrupcion con verdadera contundencia.

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