Editoriales

Disolución de Haití

La crisis haitiana está llegando al límite de la disolución. El primer proyecto de una república liberada del dominio colonial y esclavista que impusiera Francia en el Nuevo Mundo, y que enfrentara al emperador Napoleón, se revela hoy día como un proyecto político fallido que no pudo sustentar un Estado republicano y democrático, cayendo en un estado no viable gobernado por el “gentío” o multitud, característico de la Oclocracia, como lo llamara en la antigüedad Aristóteles.

La disolución del Estado haitiano constituye una grave amenaza para la región y sobre todo para la República Dominicana y los propios EE. UU. expuestos ambos a recibir una fuerte presión migratoria procedente de Haití.

Lo peor de esa situación ha sido la indolencia que han exhibido los órganos de la Comunidad Internacional y en especial de Francia, EE. UU. y Canadá, que no se muestran decididos e interesados en hacer cumplir la resolución de la ONU que estableció la formación de una fuerza de intervención que pacifique a la nación caribeña, como primer paso para restablecer el orden institucional, hoy día roto por las bandas armadas que controlan a ese país.

Una expresión de ese abandono de Haití de parte de la Comunidad Internacional es el retiro del personal diplomático de Puerto Príncipe, de parte de las delegaciones de Alemania y de los EE. UU., lo que habla de la gravedad extrema de la crisis de Haití.

Dentro de ese panorama, el Gobierno dominicano ha hecho bien con sostener una política de no intervención frente al Estado vecino, por lo que ello implicaría en las relaciones entre las dos naciones, al tiempo de sostener el principio de que “no hay solución dominicana al problema haitiano”.

Esa máxima ha llevado al gobierno nacional a reforzar la frontera, con el propósito de evitar o minimizar la avalancha de haitianos despavoridos por estado de violencia en la que las bandas armadas han sumido al vecino país. Esa actitud del gobierno se manifestó en el rechazo a la solicitud del aterrizaje en territorio dominicano del avión que transportaba al Primer Mi­nistro haitiano desde EE. UU. de regreso para Haití.

Esa decisión ha sido muy bien ponderada por toda la comunidad nacional, con la excepción de algunos líderes políticos por razones electorales, así como por algunas autoridades de los EE. UU., quienes presionaban al go­bierno dominicano para que dejara aterrizar de forma indefinida a Ariel Henry en suelo dominicano.

Aunque ciertas voces siguen clamando por la intervención en Haití, como es la del papa Francisco, quien pide el apoyo para lograr la paz en la nación caribeña, el panorama de Haití sigue sumamente incierto y sin salida.

Mientras tanto al gobierno dominicano solo le queda seguir clamando ante la Comunidad Internacional por ayuda para Haití y mantener reforzada y vigilada toda la zona fronteriza. Asimismo, el Gobierno pudiera aprovechar la coyuntura para poner en marcha un operativo de desmantelamiento de las redes “mafiosas” que por décadas se han dedicado al tráfico de haitianos indocumentados.

¡Cuidar la frontera y mantenerse en alerta es la consigna de la hora!

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