Editorial

Dramática realidad

El coronavirus se ha  convertido en una  pandemia que sumerge a la humanidad en una crisis descomunal, porque impacta de manera dramática en aspectos claves en el desarrollo de  la vida y las sociedades  como salud de la población, economía, estabilidad familiar, empleos y la paz social.

La muerte de 26 mil personas a causa del COVID-19  y unas 570 mil infectadas  son muestras fehacientes  que permiten establecer que el mundo sufre los efectos de una tragedia de incalculables consecuencias.

Además, se han cancelado miles de empleados y trabajadores, muchas empresas paralizaron sus operaciones y el universo está atrapado en una odisea; la objetividad es horrorosa.

En República Dominicana se han registrado 39 fallecidos, más de 800 infectados y millares de trabajadores están suspendidos, trance con mayor incidencia en el Distrito Nacional, Santo Domingo, San Francisco de Macorís y Santiago.

Frente a esta dolorosa realidad, los estados enfrentan un gran dilema, en razón de que se han visto precisados a tomar medidas sanitarias que afectan la economía, derechos fundamentales y la convivencia social.

Hay que decidir entre la preservación de la salud de la gente y mantener en funcionamiento los medios de producción, pero como lo humano es lo más importante, es obvio que la economía se relegue a un segundo plano, puesto que cuando la vida del hombre está en peligro es  imprescindible cuidar la salud,  porque solo sano es posible que produzca.

Por todos los medios hay que impedir la propagación del coronavirus y eso implica aplicar los programas preventivos necesarios en aras de proteger la sanidad de la población, la tranquilidad en el seno de las familias y lograr el retorno a la normalidad en un plazo prudente.

Es comprensible confinar a las personas, garantizar la producción indispensable y controlar la circulación a quienes brindan servicios de socorro como médicos, policías, comerciantes y  profesionales de la comunicación social.

También es apremiante desinfectar  todos los espacios y eso amerita de una fumigación masiva en todos los rincones de la nación, como parte de un plan preventivo de urgencia, en vista de que eso llevará tranquilidad al núcleo familiar.

Uso de la tecnología es un recurso vital para trabajar a distancia y evitar la aglomeración de grupos, método empleado con éxitos  en la continuidad de la educación preuniversitaria y universitaria.

Es hora de aunar esfuerzos, sacrificios, energías y voluntades para detener el avance del Coronavirus, ya que es el desafío de todos en la búsqueda de vencer las adversidades por el regreso a la normalidad.

Procede en el estado de excepción tener conciencia y disciplina para exhibir un comportamiento ejemplar y obrar por el bienestar colectivo; ese es un gran reto que debe encararse con el alma y amor por los semejantes.

Cooperación, solidaridad y abnegación deben conjugarse con el propósito de superar las dificultades que trastornan la existencia, en estos episodios cruciales y traumáticos.

Regresar a la naturalidad dependerá de la actitud responsable de cada persona, por tanto, es un deber actuar con serenidad para recobrar la vida habitual.

Luchar sin descanso contra el COVID-19,  ese es el compromiso de todos.

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