Opinión

ECO DESDE EL MONUMENTO: Los valores insurrectos

Por: Rafael A. Escotto

«Esforzarse en pensar bien; he aquí el principio de la moral.» Blaise Pascal

Etimológicamente los valores son principios, virtudes o cualidades que califican a una persona, una acción o un objeto que se consideran representativos positivos o de gran importancia por un grupo social. La mentira y el engaño tienen fecha de caducidad, al final todo se descubre, y al mismo tiempo la confianza muere para siempre.

¿Sería algo así lo que le habrá pasado a la senadora Faride Raful?

Uno de los valores más importantes son los valores humanos porque son los que tienen mayor trascendencia en los distintos grupos sociales. Entre estos valores encontramos la ética, el respeto, la comprensión, la bondad, la paz, la solidaridad, la amistad, la honestidad, el amor, la justicia, la libertad y la honradez.

La existencia y funcionamiento de los valores mantienen la cohesión social, logran la posibilidad de las conductas y generan un comportamiento compartido que proporciona la certidumbre del funcionamiento de la vida cotidiana.

Explica Mario Sandoval Manríquez, doctor en sociología de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, que: «Los valores son productos de cambios y transformaciones a lo largo de la historia. Surgen con un especial significado y cambian o desaparecen en las distintas épocas. Todos los seres tienen su propio valor.

Dice el periódico La Información en su interesantísimo editorial titulado «Resurrección de los valores», que la caída de Faride Raful al renegar de su posición de rechazar el ¨barrilito¨, considerado una distorsión de la función constitucional del legislador, y aceptarlo ya como legisladora para financiar asistencia técnica legislativa, mereció un fuerte rechazo en la opinión publica que se tradujo en una fuerte presión en su contra, al caer en la incoherencia que la descalificaba como una promesa de la política democrática dominicana. Esa ambigüedad y debilidad conductual, es muy frecuente en la clase política nacional.»

Hay una canción del cantante nicaragüense Luis Enrique cuya ambigüedad o juego de palabra podría aplicársele a la confusión de la senadora Faride sobre el mérito de su palabra al abjurar durante la campaña electoral recién concluida contra el barrilito para luego de lograr su objetivo político-electoral declararse a favor de la barrica de dinero.

Veamos algunas estrofas de la canción: “Yo no sé mañana”. «yo no sé lo que es eterno no me pidas algo que es del tiempo. yo no sé mañana, yo no sé mañana… no sé dónde vamos a parar, eso ya la piel nos lo dirá para que jurar y prometer algo que no está en nuestro poder yo no sé lo que es eterno no me pidas algo que es del tiempo (coro) yo no sé mañana, yo no sé mañana.»

O sería que la abogada y presentadora de televisión, hoy electa senadora al Congreso por el Partido Revolucionario Moderno (PRM), Faride Virginia Raful Soriano, al estar junta con tantos compañeros de curul que no respetan sus palabras, pensaría que no existe nada especifico en cuanto son los valores como orientadores de conducta y, en su estado de turbación se dejó seducir del «barrilito», el cual es, como muy apropiadamente lo calificó el matutino la Información de Santiago en su editorial del 23 de octubre de 2020: «una distorsión de la función constitucional del legislador.»

Por otro lado, Faride entra en contradicción conceptual con lo explicado por Adriana Morales, licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela, con Maestría en Gestión y Políticas Culturales, que «la importancia de los valores sociales radica en que fortalecen las relaciones humanas.»

Nos solidarizamos con el periódico, en tanto y cuanto, lo que el editorialista ha querido dejar claro ante la sociedad es que los valores nos sirven para denunciar las carencias de la sociedad y para intentar transformarla.

Escribe la Morales en su trabajo, que: «Los valores sociales se consideran como trascendentales, ya que, intervienen en el actuar individual o social de las personas a fin de conseguir mejores condiciones de vida. Una rectificación de lo expresado por Faride no la exime de cualquier arrepentimiento ulterior.

Dice una máxima jurídica, que en la pretensión existen dos sujetos: Uno activo: Es el individuo que quiere obtener algo. Y otro pasivo: Es el individuo que debe realizar ese algo que el sujeto activo lo solicita. Manifiesta Carlos Arellano García en su libro: «Teoría general del proceso», 16ª edición (2007), pág. 252, lo siguiente, en cuanto a la pretensión de obtener el barrilito, en el caso de la legisladora: «es “lo que concretamente solicita el sujeto activo del sujeto pasivo, independientemente de que tenga derecho o no a ello.”

En conclusión, la interpretación que parece haberle dado el pueblo a la pretensión de la senadora Faride Raful de aceptar el barrilito después de haberlo rechazado, sería algo así como decir: ¡Donde dije digo, digo Diego!
.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba