Editorial

EE.UU y América Latina

La visita de la vicepresidente de los EE.UU a México ha servido para que ese gran país del Norte dé a conocer su agenda de prioridades, respecto a América Latina, la cual se centra en el propósito de evitar la gran presión migratoria que viene desde los países de Centroamérica, del propio Mé­xico y de otros países latinoame­ricanos.

Kamala Harris y el presidente López Obrador de México firmaron un memorando de entendimiento mediante el cual se establecen una serie de líneas de cooperación para crear las condiciones humanizadas, bajo las cuales “se buscan flujos migratorios ordenados, seguros y regulares en forma conjunta con mecanismos de cooperación que hagan frente a las causas estructurales de la migración”.

Entre esos mecanismos de cooperación sobresale el interés de los EE.UU en atraer inversiones en la zona sur de México; asimismo se acuerda una alianza estratégica para abordar la falta de oportunidades en el norte de Centroamérica, al tiempo de reforzar los programas mexicanos exportados a El Salvador, Honduras y Guatemala, especia­lmente en reforestación, ecotu­rismo, apoyo a jóvenes y a mujeres emprendedoras.

La cooperación no reembolsable acordada asciende a la suma de 250 millones de dólares, recursos con los cuales se persigue amortiguar la desigualdad y la pobreza como causales de la presión migratoria.

La intención está clara y se propone evitar la ocurrencia de marchas de miles y miles de emigrantes que buscan alcanzar el “sueño americano” cruzando la frontera de México con los EE.UU, en caravanas de inmigrantes que tantos problemas causan a los gobiernos del país más poderoso del mundo.

Ese esfuerzo probablemente no será suficiente para que los EE.UU logren detener la gran presión de inmigrantes provenientes de la pobreza acumulada. Pero sí es un intento tímido que marca el camino que debería transitar el gran país del Norte, propiciando un nuevo esquema de relaciones con los países de la región que persiga fomentar el desarrollo económico de nuestros países, de modo que nuestras poblaciones no se vean compelidas a arriesgarse a la aventura de la migración masiva e ilegal.

Este paso dado por el gobierno de los EE.UU, podría ser una nueva edición de algo parecido, cuando Kennedy lanzó la “Alianza para el Progreso”, ahora orientada a controlar o atenuar en Las Américas los males que ha traído consigo la estrategia de la globalización neoliberal, causa eficiente del agravamiento de la pobreza, la desigualdad  y de los daños a la naturaleza, que son las consecuencias contingentes que provocan la emigración masiva e ilegal hacia los EE.UU.

Ojalá que Kamala Harris se empodere de esa nueva visión estructural del problema, que debería ser la guía de la política exterior de los EE.UU respecto a las naciones latinoamericanas. Y que borre de su mente expresiones tan contraproducentes como aquella advertencia hecha en México a los pobres de Las Américas, sintetizada en la expresión: “No vengan, no vengan”.

¡Qué EE.UU cambie, pues, su agenda para Las Américas!    

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